La espera

Ciudad de México /

Gil no se repantigó en el mullido sillón, abandonó la inacción y tomó cartas en el asunto. ¿Cuál asunto? La ronquera, el dolor de garganta. La amenaza del ómicron. El extinto padre de Gamés decía: mis nervios destrozados. Gil y su hija la gamesita arrancaron a caminar rumbo a un laboratorio de reconocido prestigio para hacerse la prueba PCR de covid. Muy temprano iban en camino. Atravesaron dos parques, el España y el México. Gilga peroraba del pasado de la ciudad, del arquitecto José Luis Cuevas que inventó las glorietas de Popocatépetl, Citlaltépetl, Iztaccihuatl, del solipsismo de la calle de Amsterdam. La gamesita soportaba estoica las crónicas de Gamés. Atravesaron avenida de los Insurgentes, que se iba a llamar, por cierto, Avenida del Centenario allá en 1921 por la consumación de la Independencia. Rumbo a la calle de Yucatán, aquí había un cine, el Ritz, ahora es un basurero, acá estaba la librería de la UNAM, la gran cosa; allá a unas cuadras estaba el Triángulo de las Bermudas del Mal, cerca de la calle de Querétaro, una oscuridad siniestra que apenas alumbraba el Bullpen, agentes judiciales, dealers, bravucones, borrachos, prostitutas, asaltantes de pocamonta. La gamesita veía a su padre con ojos desorbitados.

De bonne heure, dirían los franceses, Gil y la gamesita llegaron al laboratorio. Una carpa dispuesta en el estacionamiento recibe a los sospechosos de covid. Carísimo de Francia, el análisis. A Gil le dejaron ir un isopo (no empiecen) que le tocó la zona de Broca del cerebro. Y luego el mismo hisopo en la garganta profunda. Mju. Gruesas lágrimas descendieron por las estribaciones del rostro de Gil. Lo mismo la gamesita. Ahora, esperar.

Déjà vu

Menos mal que Gil no fue por el mundo sumando encuentros, gritando el precio de la vida y contagiando al prójimo, en el caso de que fuera positivo. Gil tuvo entonces un déjà vu: de nuevo en casa, aislado mientras recibe el resultado de la prueba. Quienes no parecen percibir ese déjà vu son las autoridades sanitarias de los gobiernos federal y local. No han movido un dedo, la recomendación no puede ser más prehistórica: si tiene síntomas, enciérrese en su casa. En el 2020 tuvimos la oportunidad de adelantarnos en el tiempo y observar cómo la pandemia arrasaba otros países. Pero no supimos valorar ese futuro previsto. De nuevo lo mismo y con el perdón, pero no se trata de un catarro que se pueda curar con VapoRub, doctor Alcocer.

Relaciones exteriores

Gil estaba de acuerdo con el canciller Ebrard: mejor esperar y no enviar a un representante de México a la vergonzosa toma de posesión de Daniel Ortega. Pero resulta que el Presidente le corrigió la plana al canciller y decidió que no mandar a un representante de México a Nicaragua sería una imprudencia. Como lo leen en esta página del fondo. Ramiro Ayala, jefe de la cancillería en ese país, tomaría asiento representando a México. Con la pena, pero el señor Ayala avala una dictadura imprudente y miserable. “Nosotros no podemos hacer a un lado nuestra política de autodeterminación de los pueblos y de independencia, o sea, no es el gobierno pasado que por quedar bien con otro gobierno expulsó al embajador de Corea del Norte, ¿por qué tenemos nosotros que actuar así?, si México es libre y soberano, la política de México está bien definida en el artículo 89 de la Constitución”. El Presidente fue muy claro, con las dictaduras de izquierda populista hasta el final, por eso fuimos a rescatar a Evo, y no nos importó la autodeterminación de los pueblos. México no quiere pleito con nadie, dijo el Presidente, pero hay quienes sí merecen una bravata. Y de paso, el Presidente, no se sabe si el canciller, nombró a Leopoldo de Gyves embajador de México en Venezuela. Polo fue fundador de la COCEI, gran nombre epifánico, y presidente municipal de Juchitán. Estamos en la escala indómita en la cual Guillermo Zamora, dicen que periodista, será el embajador de México en Nicaragua. Ay, Dios de bondad. No somos nada o somos mucho, como ustedes quieran.

Todo es muy raro caracho. Como diría Marco Aurelio: “Si no es apropiado, no lo hagas. Si no es verdad, no lo digas. Que tu impulso sea firme”. 

gil.games@milenio.com

  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
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