Sheinbaum, ¿encubridora o estratega?

Ciudad de México /
Luis M. Morales

​M+.- Se afirma que el dilema que enfrenta Claudia Sheinbaum es evidente: defender a las cabezas de Morena, en este caso a uno de sus gobernadores, o hacerse cargo de las evidencias y meterlo a la cárcel en México o en Estados Unidos. Sus críticos señalan que debe decidirse entre ser tapadera de la corrupción de miembros de su partido o actuar como jefa de Estado y dejar de defender a Rubén Rocha, el mandatario de Sinaloa con licencia, acusado por la justicia de Estados Unidos de vínculos con el narco.

Se trata de un falso dilema. Claudia Sheinbaum, en mi opinión, está jugando a otra estrategia. Utilizaría las circunstancias, la presión estadunidense para comenzar una limpia de las altas esferas del gobierno mexicano en todos sus niveles, sin ser acusada de haber traicionado, dividir al movimiento o, de plano, fracasar en el intento.

En abono a esta posibilidad, habría que reflexionar sobre un hecho que no es menor. El gobierno de Claudia Sheinbaum entregó a la justicia estadunidense un total de 92 cuadros y cabezas del narco detenidos en prisiones mexicanas. Lo hizo, además, de manera “generosa”, a ojos de los expertos y un poco para sorpresa y beneplácito de Washington. Ella no podía ignorar que lo primero que harían los abogados defensores de estos criminales sería intentar negociar los cargos a cambio de inculpaciones en contra de personajes de interés y de poder en México.

Es decir, la caja de Pandora que se ha abierto para poner en jaque a las élites políticas y militares surgió de la propia Presidenta, sea de manera consciente o de forma intuitiva. Se le critica por no haber investigado a Rocha y verse “obligada” a hacerlo por presión de Estados Unidos. Pero es muy probable que esa posibilidad no existiese en términos realistas. ¿Por qué?

Si Rocha es culpable de lo que se le acusa, probablemente sólo los colaboradores en los que se apoyó podrán documentarlo. Pero nunca lo habrían hecho en México por los pactos de silencio y el temor a ser ejecutados incluso en la cárcel. Ningún gobernador que se precie será sorprendido en un video con un maletín de dinero. Lo mismo podría decirse de exmiembros del gabinete, gobernadores y militares. Al extraditar a los 92 capos, Sheinbaum abrió un proceso que no podía dar otra cosa que este resultado: informantes e involucrados urgidos de ofrecer pruebas para negociar penas amables en tribunales estadunidenses. Y pruebas es lo que necesita Sheinbaum para estar en condiciones de ir en contra de generales, gobernadores y personajes de poder. Conseguir con tareas de inteligencia e investigación las evidencias en México habría sido poco menos que imposible por los acuerdos entre poder político y judicial. Por no hablar del riesgo en el que pondría a los titulares de la Fiscalía y de Seguridad; como sabemos, algunos de sus colaboradores han perdido la vida.

Y, por otro lado, sólo la Presidenta está en condiciones de observar las resistencias políticas dentro

de la estructura de poder, incluyendo la de Morena, para un saneamiento de las altas esferas. Necesitaba evidencias irrefutables que, por lo demás, su gobierno no estaba en condiciones de generar, por lo que he señalado arriba.

¿Por qué entonces ha defendido a Rocha de manera tan categórica en su prédica mañanera? Por razones que tienen que ver con Morena, pero también con Estados Unidos.

Ella pertenece a un movimiento social particularmente sensible al intervencionismo de nuestro vecino. Si va a actuar en contra de Rocha necesita pruebas, mientras tanto prefiere hacer visible su resistencia. Pero atención, se trata de una resistencia verbal que la exenta de cualquier reclamo entre los suyos si resulta que las evidencias en contra de Rocha son contundentes. Una defensa verbal vehemente, pero en los hechos un círculo que se va estrechando sobre el gobernador: licencia, eliminación de fuero, congelación de cuentas. A mi juicio esa vehemencia ha sido excesiva, porque la ha obligado a pagar una factura de imagen muy alta respecto a la opinión pública. Pero tiene sentido si con ello consigue eliminar exabruptos de las corrientes más radicales.

Y luego está la relación con Estados Unidos. Una cosa es utilizar la presión del vecino para conseguir sus fines y otra ser arrollada por este. Sheinbaum tiene responsabilidades como jefa de Estado en relaciones históricas tan delicadas como las del vecino. Un gobierno mucho menos fanático que el de Trump inventó armas de fabricación masiva para dejar destrozado a Irak. En consecuencia, una petición con tal carga política no puede ser en automático considerada como un planteamiento de inapelable verdad y justicia. Lo que sorprende es que analistas que llevan año y medio describiendo las arbitrariedades de Trump con Canadá, Gaza, Ucrania, Irán, Cuba o Venezuela, por no hablar de las que comete en su propio país, súbitamente asumen que la exigencia de una autoridad estadunidense es inobjetable y cualquier duda en plegarse a ella es un acto de demagogia y encubrimiento. Después de todo se trata de un gobernador electo, respecto al cual el gobierno mexicano debe actuar con responsabilidad. Así sea Rocha.

Quienes ven con buenos ojos la posible intervención de la DEA o la CIA porque el gobierno mexicano “no puede”, tendrían que preguntarse, primero, si lo que ellos quieren hacer va a funcionar. Una estrategia punitiva sobre laboratorios o cabezas del narco de manera selectiva contra una fuerza criminal integrada al tejido social sólo puede dar malas noticias. ¿Cuántas mujeres que empacan droga, jóvenes reclutados de manera forzada y cuántas bajas de civiles e inocentes habrá que lamentar como producto de sus operativos? ¿Es aceptable que agentes y técnicos extranjeros se conviertan en jueces y ejecutores de mexicanos sin derecho a defenderse? Frente a tal estrategia, el gobierno de Sheinbaum reivindica la suya: más de 40 mil detenidos, aprehensión de los principales líderes y una reducción de casi 50 por ciento en la criminalidad.

En suma, me parece que Sheinbaum está apostando a una delicada estrategia de equilibrio para, como en el judo, utilizar la presión externa e intentar limpiar las escaleras del poder desde arriba. Debe hacerlo, además, para contener las ansias injerencistas del vecino. La verdadera defensa de la soberanía consiste justamente en quitarle el pretexto a Washington para intervenir. Pero recordemos que todo inició con las extradiciones a Estados Unidos. Si esta fue su estrategia, mis respetos por el cálculo a tres bandas; si no es así, ojalá lo aproveche.


  • Jorge Zepeda Patterson
  • Escritor y Periodista, Columnista en Milenio Diario todos los martes y jueves con "Pensándolo bien" / Autor de Amos de Mexico, Los Corruptores, Milena, Muerte Contrarreloj
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