Clima de odio

Ciudad de México /

No debe existir en la política del servicio.

La política fue muy bien definida por Aristóteles como el arte-ciencia de servir al pueblo, no de ejercer el poder por el poder mismo o para beneficio personal o de grupo. El griego tenía bien clara la misión sublime del trabajo político y la necesidad permanente de ser un factor de conciliación que juntos, grupos o personas, busquen la razón a través de la inteligencia, no de los sentimientos, que a veces se ven alterados por cuestiones de orden personal.

Sin embargo, esta axiología se ve alterada en la actualidad, porque frecuentemente los ataques y las críticas vienen acompañadas de una fraseología vulgar, grosera, llena de insultos y de descuentos personales.

Todo esto no está descrito en la biblia de la política, que diseñaron los griegos y que comprendió muy bien Maquiavelo, pues fue capaz de pensar en cómo fundar una república y acabar con los defectos que generaban la monarquía y las guerras de la Edad Media, que parece se repiten en la época moderna.

Y no me refiero solamente a México, donde es increíble la cantidad de epítetos que se dicen, se señalan y programan en diversas manifestaciones, muchas de ellas mañaneras, pero acompañadas de un clima de odio que está generando violencia, inseguridad y anestesia social, porque ya a nadie le importa nada de nadie, y eso es contrario a los designios de la caridad y de la política.

Con este clima de odio se afecta la educación, la cultura, la política y hasta las religiones, que basan su presencia en el amor, no en el temor ni la cólera o el odio, ni en la fraseología agresiva, sino en todo lo que lleve a conciliar y a buscar, en forma inteligente, la verdad para servir.

Descartes: Pienso, luego existo… Es muy triste que este clima está acompañando el proceso preelectoral, porque muchos presagian violencia durante las elecciones, lo que es irreconciliable y no tiene regreso, pues la violencia germina violencia y facilita la labor de aquellos que se dedican a utilizar los instrumentos del odio y de lo perverso, en aras de buscar un recurso económico o un poder para el poder y no para el saber, y menos para el servir.


  • Luis Eugenio Todd
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