Hace tiempo decidí derribar dentro de mí la pared que separa al periodismo de la literatura. No me refiero al periodismo informativo, obligado a la verdad de los hechos, sino a las letras que fluyen en los diarios con voluntad de estilo y admiten todos los géneros. Un día, un reportero le preguntó a Emmanuel Carrère cómo construía sus ficciones y él contestó más o menos esto: “Yo no escribo ficción. Utilizo todos los recursos narrativos a mi alcance del mejor modo posible, pero solo escribo de cosas que me han ocurrido, sucesos reales”.
Así empecé a llamarle informes a mis libros, y si hay informes tiene que existir un informante, ése soy yo.
Encuentro esto en una página del cuaderno:
—Deme noticias de la calle —me pide la analista. Le he contado de mis caminatas.
—Estuve en el Parque España. Todas las casas que rodean el parque fueron de la familia —le digo y sigo—: yo nací ya sin dinero, pero mi hermano y mis hermanas mayores cayeron de la riqueza al abismo de la pérdida.
—¿Y usted se pasa la vida tratando de recuperar aquella pérdida originaria?
—Sí, tal vez he querido salvarlos, sobre todo a mis padres, pero nadie salva a nadie. Primero tenemos que salvarnos de nosotros mismos.
—Usted quiere salvar a todos. Se siente omnipotente.
Cuando salí del zoom, me pregunté si no había soñado todo ese intercambio. Recordé el seminario que un amigo perdido y yo hacíamos con mi hermano mayor, conocedor del psicoanálisis.
Busco en mi cuaderno: Freud dijo que el sueño es la liberación del espíritu de la presión de la naturaleza externa, un desprendimiento del alma de las cadenas de la materia. Los sueños siempre han representado un enigma para los seres humanos y han estado presentes en prácticamente todas las obras artísticas a lo largo de la humanidad. No pocos pintores, escritores, músicos y coreógrafos han hecho sus grandes obras a partir de sueños e incluso a partir de pesadillas. Pero fue Sigmund Freud el pionero en su análisis estructurado a través del psicoanálisis; según él, la interpretación de los sueños es el camino real al conocimiento de las actividades inconscientes de la mente.
¿Qué soñaba Freud? Probablemente el mundo de hoy, ese lugar imposible, freudiano, donde todos los deseos nos amenazan y buscan cumplirse, terrible cosa.
Fui muy feliz en ese largo seminario. No debí quemar ese puente.