¿No son demasiadas dos estrellas en Ferrari?

Ciudad de México /
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En casi todos los ámbitos –el familiar, el laboral o inclusive en los espacios de la política— la presencia de varios machos-alfa termina siendo muy problemática. Después de todo, las grandes decisiones recaen siempre en quien ejerce un liderazgo natural, más allá de que haya podido buscar consensos o alimentado sus posturas sirviéndose de los consejos de gente cercana.

Pues bien, cuando dos o más individuos de la especie compiten por empuñar el bastón de mando en un ambiente particular, las consecuencias impactan directamente en los intereses del grupo, así sea que la batalla por el poder haya pretendido servir el bien común.

Lo vemos todo el tiempo y en múltiples escenarios: para mayores señas, y ya adentrándonos en el tema deportivo, acabamos de presenciar el sainete que protagonizaron Charles Leclerc y Lewis Hamilton en el pasado Gran Premio de Ciudad de México.

El asunto, justamente, es que ambos corredores compiten en condiciones de igualdad siendo que Hamilton disfrutaba, cuando formaba parte de la escudería Mercedes-AMG Petronas, de una suerte de trato preferencial, por llamarlo de alguna manera, en su privilegiada condición de corredor estrella.

Apenas desembarcado en la Scuderia Ferrari, sin embargo, el británico se enteró de que su compañero de equipo no sólo era un igual en toda la palabra sino que tenía ya cierto camino andado desde su incorporación en 2019. Un hombre con los pies bien puestos en la casa de Maranello, vamos.

Y, metidos los dos a competir de tú a tú, ocurre que ninguno siente que debe cederle nada al otro: el podio es para el más pintado y sanseacabó, sin demasiadas consideraciones, al parecer, por los intereses superiores de un equipo en el que técnicos, mecánicos e ingenieros ponen sus mejores esfuerzos para lograr los mejores resultados.

En la carrera recientemente celebrada en la capital de todos los mexicanos, Ferrari hubiera debido cosechar un triunfo manifiesto, con ambos corredores disputándose tal vez el primer lugar pero sin jugar sucio entre ellos, sobre todo que Hamilton partía en la primera posición de la parrilla de salida.

Pues bien, el piloto monegasco intentó un adelantamiento al límite en las primeras curvas, hizo que Hamilton perdiera velocidad y el gran beneficiario de la maniobra fue Max Verstappen, que terminó ganando la carrera. Adiós al doblete que tenía casi asegurada la Scuderia Ferrari.

La F1 no es precisamente un deporte de equipo. Son dos los corredores en cada escudería, es cierto, pero los aficionados hemos constatado, como en el caso del trato que Red Bull le dispensó a Verstappen en perjuicio de Checo Pérez, que los directores puedan apostar plenamente por uno de ellos nada más.

No es el caso de Ferrari, sin embargo. En la dupla Leclerc-Hamilton, que podría ser una “pareja de ensueño” en palabras de La Gazzetta dello Sport, el diario deportivo más influyente de la prensa italiana, a lo mejor viene sobrando un macho-alfa.


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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