Condena para la 4T: gobernar le será cada vez más difícil

Ciudad de México /
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Las expectativas de los conservadores de la repudiada ultraderecha son de que la 4T fracase. O, más bien, de que el cóctel de estrepitosa ineptitud gubernamental, corrupción galopante, demagogia encubridora y desatada criminalidad termine por ser tan visible e inocultable que el pueblo soberano, orillado a poner las cosas en una balanza, a quitarse el antifaz y a exigir derechos reales —buenos servicios de salud, seguridad en todo el territorio nacional y educación de calidad, entre otros de los provechos que se pueden esperar de un Estado auténticamente benefactor— no siga ya glorificando a los históricos transformadores sino que decida poner a gente diferente al mando.

De eso va el tema en cualquier sociedad democrática, señoras y señores: es meramente asunto de expresar un muy legítimo descontento con el estado de cosas y, llegado el momento de acudir a las urnas, de proceder a la trasmutación de esa inconformidad en un voto de castigo.

Pero, a ver, si tal fuere el desenlace de la actual coyuntura, ¿qué podríamos esperar de los salvadores que se presentarán para reflotar la nave republicana? Pues, sudor y lágrimas, parafraseando en parte lo prometido por el gran Winston Churchill al pueblo británico (en lo que toca a la sangre, el asunto ya lo damos por descontado en un país atropellado por las mafias criminales).

Porque, miren ustedes, reparar los entuertos heredados del izquierdismo populista no será una tarea aderezada de complacencias: la simple cuestión de solventar los colosales intereses de la deuda pública obligará a recortar drásticamente el gasto, siendo que la gente no quiere menos socorros sino, al contrario, más beneficios (justamente lo que hemos estado viendo en las movilizaciones acontecidas en Francia y otras naciones europeas en las últimas semanas). La restauración de la unidad nacional luego de años enteros de programado divisionismo no será tampoco una empresa fácil. Y, entre otras asignaturas pendientes, el combate a la improductividad y la paralela estrategia para acabar con el criminal dispendio de los recursos del erario en pozos sin fondo como el mentado Tren Maya, el AIFA y tantos otros, serán ejercicios tan ingratos como posiblemente censurados. Y ni hablar de revertir la entrega a las Fuerzas Armadas de aerolíneas, aduanas, aeropuertos y hoteles, o de retirarles atribuciones anteriormente reservadas a los sectores civiles.

Todo esto, como caldo de cultivo a la impopularidad que cosecharía muy prontamente un gobierno de alternancia. Es también un somero pronóstico de lo dificultosa que le sería la empresa de llevar las riendas de la nación.

Ahora bien, así como están ya dispuestos los ordenamientos luego de la arremetida del régimen morenista en contra del orden republicano, parece poco probable que la actual oposición se lleve la rifa del tigre. Las miserias de la futura gobernanza las habrán de sobrellevar entonces los adalides de la 4T. ¿Y el pueblo? También han previsto su suerte los oficialistas: seguirá igual hasta que se entere de que ya es demasiado tarde.


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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