Cuauhtémoc, la transición… ¿Y todo, para llegar a esto?

Ciudad de México /
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Más allá de la participación de algunos personajes en el proceso que llevó a la efímera primavera democrática mexicana y del protagonismo que alcanzaron en los espacios de lo público, la pregunta que podemos hacernos es por qué algunos de ellos no lograron conjurar la perturbadora deriva de nuestro sistema político hacia el autoritarismo, por no hablar de la instauración de una dictadura, ya no “perfecta”, sino debida y apropiadamente constitucional.

Estamos hablando de figuras como Maquío Clouthier, Porfirio Muñoz Ledo, Diego Fernández de Cevallos, el propio Ernesto Zedillo y, pues sí, Cuauhtémoc Cárdenas.

Desempeñaron diferentes papeles cada uno y es evidente que no se pueden repartir ni equiparar en manera alguna las responsabilidades que tuvieron en los acaecimientos posteriores a la transición democrática.

La prematura desaparición de Manuel Clouthier y el muy extraño cerco informativo que le atizaron al Jefe Diego los medios de comunicación luego de su brillantísimo desempeño en el debate que lo enfrentó a Zedillo en la campaña presidencial determinaron muy seguramente el aplazamiento de la cruzada panista para ocupar mayores espacios de poder. Fueron, sin embargo, decisivos protagonistas en la configuración de un escenario en el que la oposición jugaría un papel preponderante.

Muñoz Ledo y Cuauhtémoc Cárdenas contribuyeron sustancialmente al avance de las fuerzas de la izquierda, pero, a la vez, le abrieron la puerta a un movimiento que siguió sus propios derroteros y, consecuentemente, la personalidad de López Obrador, un radical de escaso talante democrático y muy personalísimos designios, fue la que terminó por imponerse y marcar la agenda global de esa tal izquierda primigenia, por llamar de alguna manera al conjunto de agrupaciones que se habían enfrentado tradicionalmente al orden establecido.

Muñoz Ledo, un hombre dotado de una deslumbrante inteligencia, terminó por tomar distancia del actual oficialismo y ya desde 2019 se permitió manifestar que la pretendida transformación que encabezaba Morena representaba una “regresión autoritaria”. Denunció también la militarización de las corporaciones de seguridad pública y la entrega de todo un abanico de funciones administrativas al Ejército. Y, finalmente, lanzó muy severas acusaciones sobre el posible “contubernio” de López Obrador con el crimen organizado advirtiendo también que la asociación con los cárteles del narcotráfico “no sería heredable” para el gobierno de Sheinbaum en tanto que los criminales exigirían cada vez más cuotas de poder a los nuevos encargados de la cosa pública. Su rompimiento absoluto con el morenismo tuvo lugar al final de su vida.

Pues bien, Cuauhtémoc Cárdenas no exteriorizó nunca tan contundentes posturas ni mucho menos. Vista su jerarquía y en virtud de su prestigio, podría haber llamado las cosas por su nombre e invocado los principios republicanos por encima de los intereses del régimen de la 4T. Hubiera así encarnado, en su persona, los más supremos valores democráticos. Pero… 


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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