El amor se acaba (y el dinero, más…)

Ciudad de México /
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El futuro, como se dice, alcanzará a México más temprano que tarde. Todo se reducirá, miren ustedes, a un tema de pesos y centavos. El dinero, el maldito dinero (o, bendito, cuando las arcas están rebosantes de peculios).

¿Se habrán ustedes enterado de que Noruega, ese nórdico país cuya selección de futbol se agenció las simpatías de los aficionados en el pasado Mundial, ha acumulado el fondo soberano más grande del mundo gracias a sus excedentes en la producción de petróleo y gas?

El valor de su cartera alcanza casi dos billones de euros (millones de millones, por favor, no esos billions del habla en inglés que tan toscamente hemos incorporado al castellano), invertidos en su mayoría en renta variable –acciones de empresas, miren— y minoritariamente en bonos gubernamentales, bienes raíces e infraestructura energética.

Pues, qué caray, aquí somos también un país petrolero pero ocurre que la empresa estatal, propiedad de todos los mexicanos y emblema de nuestra sacrosanta soberanía es, por el contrario, la más endeudada del planeta entero.

Íbamos a ser Dinamarca, nos avisó en su momento el supremo mandamás de la nación, pero hubiera estado mucho mejor que el paradigma fuere Noruega. En fin, ya descendidos de la nube y en la realidad real, no somos ni la una ni la otra, o sea, que nos encontramos a una sideral distancia de un bienestar escandinavo hecho de educación de calidad, de un admirable sistema de salud y de políticas sociales verdaderamente sólidas, no de ayudas apuntaladas en un manejo irresponsable de las finanzas gubernamentales.

Por ahí va el tema, justamente, y el gran problema es la inviabilidad del modelo que ha instaurado el régimen de doña 4T: muy pronto, ya no alcanzará la plata para seguir por el mismo camino, tan sencillo como eso. Es más, ahora mismo estamos sobrellevando las durezas de una austeridad que parece haber sido decretada, paradójicamente, por el más neoliberal de los gobiernos, hagan de cuenta una Margaret Thatcher resucitada en la dupla Obrador-Sheinbaum y dedicada a desmantelar drásticamente el aparato estatal.

Pero falta todavía el desenlace, a saber, el colapso de los caudales del tesoro público, algo que no pronostican solamente los agoreros del desastre que tanto denuncia el oficialismo sino un mero asunto de (fríos) números.

De Noruega ya ni hablamos.


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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