Jueces amigos que nunca dicen “no”

Ciudad de México /
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El malestar que siembra el régimen de la 4T no resulta únicamente de la manera en como maneja la cosa pública –los presupuestos, los proyectos o la simple gobernabilidad cotidiana— ni tampoco de las transgresiones perpetradas por algunos de sus adalides, así de nefarias como sean la ineptitud gubernamental y la corrupción, sino de algo más recóndito a la vez que fundamental, a saber, la deriva de todo el Estado hacia un modelo tribal de querencia totalitaria.

Qué reconfortante resulta comprobar, en las naciones democráticas de este planeta, que los señores jueces, bien plantados y ejerciendo plenamente sus facultades, pueden desechar sin mayores ambages las acciones promovidas por los mandamases del Ejecutivo.

El propio Trump se ha topado con pared en su cruzada arancelaria al intervenir diferentes cortes federales, e inclusive la Suprema Corte, para hacerle ver que no puede extralimitarse en las atribuciones que le confiere la Constitución.

Pero, miren ustedes, ese mismo Tribunal Constitucional que llegó a determinar, por seis votos contra tres, que es al Congreso, y no al presidente, a quien corresponde fijar los aranceles aplicados al comercio exterior, es el que intervino para revocar la sentencia de una corte federal de apelaciones que prescribía detener la construcción de una obra, el salón de baile que Trump está edificando en la Casa Blanca sin preocuparse mayormente de la demolición del ala este. Una Suprema Corte en la cual varios magistrados han sido, pues sí, nombrados por el presidente.

Nos encontramos de tal manera con uno de los componentes cardinales de la cuestión: unos tribunales habitados por jueces a modo, individuos dispuestos a complacer al gobernante poderoso en lugar de responder a los preceptos inscritos en la ley, no le aseguran al ciudadano un sistema en el que se pueda impartir justicia de manera íntegra, equilibrada e imparcial. Es ahí donde comienza, miren ustedes, a resquebrajarse la República misma.

El poder necesita de frenos y contenciones. Pero eso es precisamente lo que el autoritarismo no tolera. Y es lo que aquí estamos viendo…

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  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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