Pretendían ser diferentes y, encima, esa presunción suya, aderezada de las promesas de siempre, fue la que les sirvió para engatusar al pueblo sabio y llevarlos al poder.
Ya debidamente encaramados en los cargos públicos y saboreando los placeres de maniobrar el timón de mando, se sirvieron con la cuchara grande por sentir que el apoyo de un tercio de los electores mexicanos —sí, señoras y señores, en el padrón figuran algo así como 90 millones de votantes y los morenistas obtuvieron un 33.74 de ese total— era la más suprema consagración secular.
Se habían ya arrogado, ellos mismos, un papel de paladines históricos y, provistos de la merecida soberbia, nos atizaron a todos los ciudadanos carteles propagandísticos en los que se codeaban con los protagonistas de tres anteriores gestas patrióticas avisándonos, desde ya, que la suya, no certificada todavía por unos terceros de más terrenales apreciaciones ni refrendada aún por el paso de los años, iba a ser la cuarta —perdón, la Cuarta, con mayúscula— epopeya nacional.
Le adosaron, a ese número ordinal que tan inmodestamente se asignaron, un sustantivo, “transformación”, para advertirnos también que las cosas no iban a seguir igual y, en efecto, se dedicaron, desde un primer momento, a acabar con todo: fideicomisos públicos (109), guarderías, programas sociales (18), organismos autónomos constitucionales (el INAI, la Cofece, la CNH, el IFT y el Coneval, entre otros), comedores comunitarios, un aeropuerto que había ya alcanzado un tercio de su construcción y, en lo que toca a aquello que no pudiere ser directamente exterminado, se las apañaron para colonizar al Poder Judicial organizando una parodia de elección para contar con jueces a modo, colocaron a sus devotos partidarios tanto en el instituto que organiza las elecciones como en el tribunal que las valida y, finalmente, el bloque oficialista se apañó 73 por cien de las diputaciones en el Congreso luego de haber obtenido no más de 54 puntos porcentuales.
Y sí, una verdadera transformación. Tan radical que, de pasada, decidieron también ser los más corruptos.