La importancia de llamarse López

Ciudad de México /
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Uno de los cabecillas de Morena, notificado de que le fue cancelada su visa para entrar al vecino país del norte, le escribe una ofensiva carta al mismísimo presidente de los Estados Unidos de América, indicándole lo que debe hacer.

Le da la instrucción de despedir al encargado de Exteriores de su gobierno, junto con uno de sus subsecretarios y, entre otras lindezas, lo llama “apático” infiriendo que no está ejerciendo plenamente el poder y que sus subordinados le han restado atribuciones.

Una vez enterado de tan deslustrosa circunstancia, el destinatario de la misiva deberá corregir el rumbo, desde luego: “Presidente Trump, todavía es tiempo de que usted comience una nueva etapa, apoyado con profesionales de la política […] siempre será mejor rectificar que caer en la autocomplacencia y es de sabios cambiar de opinión”.

¿Quién demonios se cree este sujeto?, es la inmediata pregunta que nos hacemos todos. Visto lo delirante del texto ¿no es alguien que ha perdido totalmente la facultad de calibrar los tamaños de su pequeña persona? ¿De dónde, por Dios, brota tanta arrogancia?

Desentrañemos el misterio, amables lectores. Estamos hablando del más conspicuo integrante de la dinastía sacralizada por Morena —sí, señoras y señores, el populismo socialista va a ofrecerle sin mayores problemas el trono, o por lo menos un principado, a uno de los descendientes del caudillo fundador— bautizado irreversiblemente con el sobrenombre de Andy.

El personajito, por lo que parece, se vislumbra ya tan facultado por la corona que portará en su testa de heredero designado que, miren ustedes, se arroga a la torera la condición de interlocutor directo del jefe de Estado más poderoso de todo el planeta. La desmesura de este López es colosal y absolutamente rupestre su ignorancia: según él, le quitaron la visa “al estilo hitleriano”. ¡Madre mía, de pronto comienzan a desfilar, en el paisaje de las disposiciones consulares estadunidenses, el Holocausto, los hornos crematorios, el gueto de Varsovia y el nazismo a todo galope! 

¿Y sus correligionarios, oigan? Ah, pues cerrando filas en torno suyo, faltaría más. No corrieron a esconderse, muertos de vergüenza ajena, sino que lo arroparon al punto de invocar que lo que está en juego es la trillada “soberanía nacional”, háganme ustedes el favor.

Sigue siendo evidente que el ridículo no mata. 


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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