Pues no, no gobiernan nada bien

Ciudad de México /

Gobernar no tiene mayor ciencia, decía el supremo sacerdote de la cofradía morenista. Soltó también que perforar pozos petroleros no es particularmente difícil o, por lo menos, podemos suponer que no hablaba de emprender la faena en aguas profundas sino en tierra firme, en algún pintoresco rincón de las comarcas tabasqueñas.

Estos desatinos no les metieron ruido a sus seguidores pero el tema, ya en los hechos y más allá de ocurrencias y maneras muy personales de ver el mundo, es que llevar las riendas de un país como México es algo complicadísimo, tal y como lo estamos viendo y, en lo que toca a extraer el oro negro de los veneros del territorio patrio, resulta que Pemex produce cada vez menos petróleo, miren ustedes.

Los adversarios del régimen de doña 4T tienen en su arsenal de cuestionamientos todo un rosario de recomendaciones de cómo llevar la cosa pública para llegar a buen puerto pero, justamente, de lo que se trata, bajo la égida de los actuales gobernantes, no es sólo de hacerlo todo a su manera sino, antes que nada, de no parecerse en lo absoluto a los mandamases de antes, de marcar distancias y de diferenciarse radicalmente.

Ocurre, sin embargo, que hay algunas recetas de validez universal que no puedes permitirte desestimar así nada más, con todo y que el repudio al orden establecido —por referirnos de alguna manera al gran entramado de disposiciones jurídicas y principios económicos en el que se apuntalan las políticas públicas de los países más exitosos— sea uno de los estandartes que portan las huestes de Morena.

Lo dicho, lo suyo es el rechazo frontal a todas aquellas fórmulas que se puedan asociar al credo neoliberal y, de pasada, una combativa —y muy nefaria— disposición a destruir lo que edificaron los de antes pretextando que todo lo habido y por haber estaba contaminado de corrupción, codicia y pecaminosa rapacidad.

Desmontaron así el Seguro Popular, desmantelaron la práctica totalidad de los organismos autónomos constitucionales y colonizaron al Poder Judicial sembrando, en el apartado de la administración de la justicia, una nefasta incertidumbre jurídica, por no hablar de la incompetencia de los nuevos jueces y de la paralización de la maquinaria que gestiona sumarios, juicios y procesos.

¿La economía? ¿La seguridad? ¿La educación?

Una pizca de modestia no les vendría nada mal, aderezada de un mínimo sentido común…


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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