Algunos de los más radicales vasallos de The Donald le aconsejaron, recién conocidos los resultados de la jornada electoral que tuvo lugar anteayer —un verdadero tsunami azul— que comenzara a impugnar los números que no favorecían a sus correligionarios del Partido Republicano, primerísimos damnificados políticos de su nefasta gestión de la cosa pública.
El hombre, por esta vez, no respondió a la propuesta, a diferencia de cuando comandó a un grupo de violentos seguidores suyos para que tomaran por asalto del Capitolio luego de que Joe Biden lo derrotara en la carrera presidencial. Después de todo, en esta ocasión el tema no era él —o sea, su augusta persona— sino los candidatos que competían para integrar las filas del Congreso bicameral de nuestro vecino país, toda la Cámara de Representantes (435 miembros) y 35 escaños del total de los 100 que ocupan los legisladores que sesionan en el Senado.
Las inquietudes que expresaron en su momento los votantes estadunidenses —la carestía, el precio de los carburantes, la intimidante presencia de las brigadas del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) en las calles, la corrupción de las élites y el acaecimiento de la guerra contra Irán— los llevaron a ejercer un voto de castigo, no necesariamente por natural adhesión a los principios ni posturas del Partido Demócrata sino para mostrar abiertamente su descontento.
Siguen siendo bastante considerables las atribuciones constitucionales que tiene Donald Trump en su condición de primer mandatario —puede vetar proyectos de ley aprobados por el Congreso, está facultado para gobernar sirviéndose de órdenes ejecutivas sin previa autorización parlamentaria y las decisiones de política migratoria están en sus manos— de manera que no podemos hablar de que sus márgenes de acción se hayan reducido drásticamente ni mucho menos.
En lo que toca a México, podríamos anticipar que la relación prácticamente no cambiará y que, más allá de que muchos de nosotros celebremos el revés que le propinó el pueblo americano en las urnas y de las expectativas que pudieren resultar, el gran tema es que arreglar la casa, aquí, es por nuestra cuenta y nada más. Pues eso...