Siempre como líder

Tamaulipas /

En 2018, cuando México estaba cerca de un cambio político de fondo, me invitaron a formar parte del equipo del entonces dirigente de la Confederación Nacional Campesina, Ismael Hernández Deras.

Conocía su trayectoria a ese momento. Un cuadro formado en las urnas y el territorio: diputado local, diputado federal, presidente municipal, gobernador de Durango, senador en dos ocasiones y dirigente nacional campesino. Elección que había competido, elección que había ganado.

Sabía que no sería sencillo; implicaba entrar a una dinámica intensa y demandante, que conoce poco de horarios y pausas, pero había mucho por aprender.

La política tiene algo especial, se aprende observando, escuchando y resolviendo problemas junto a quienes dominan un oficio tan complejo como poco comprendido.

Los siguientes años fueron de recorrer municipios rurales de todo México, muchos tan apartados que hacía tiempo no recibían a un actor político nacional. Jornadas de hasta nueve municipios por día, decenas de visitas a distintos estados, encuentros con liderazgos, productores y organizaciones.

En medio de extensas giras y riesgos en los trayectos, llegó la pandemia. Se fueron personas cercanas, y se afectó la salud del exgobernador, quien hasta hoy sigue librando una dura batalla.

De aquel tiempo, quedaron muchas lecciones.

Aprendí que la política no sirve de nada si no escucha a la gente, si no se da voz a sus necesidades urgentes. Que los liderazgos naturales muchas veces no tienen tantos reflectores, pero sí gran legitimidad. Que las decisiones importantes no se toman escuchando una sola voz, sino contrastando opiniones y entendiendo contextos.

Nos recordaba muy seguido que no había lugar para la arrogancia en la política y que había personas que podrían escribir un libro de política con lo que les enseñó la vida.

Recorriendo el país, entendí el valor de la buena política: la política cercana, de territorio, la que escucha, camina y construye confianza antes de pedir respaldo.

Pero quizá la lección más importante fue otra: entender la diferencia entre ser político y ser líder. Porque frente a situaciones complejas, inesperadas y adversas, nunca vi al dirigente escudarse en el currículum, los cargos o un escritorio. Lo vi reaccionar y actuar como líder, siempre como líder.

Y el liderazgo es lo único que realmente construye un legado.

Mis deseos de pronta recuperación para el líder Ismael Hernández Deras.


  • Saúl Barrientos
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