M+.- La caída de Audias 'N', El Jardinero, posible sucesor de Nemesio Oseguera Cervantes, fue la última ola expansiva de un movimiento que se gestó con el arresto de otro jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), un sanguinario líder de comandos especializados en desapariciones forzadas en Jalisco, y que avanzó hasta las investigaciones sobre el Rancho Izaguirre.
Un día después de la detención de El Jardinero, Omar García Harfuch ofreció una conferencia de prensa para dar a conocer detalles del operativo en la sierra de Nayarit; entre ellos, que la estrategia se había trazado 18 meses antes, en octubre de 2024, cuando el capo oriundo de Huetamo, Michoacán, parecía intocable como jefe de seguridad del Mencho.
MILENIO conoció por una fuente en el Gabinete de Seguridad que el plan para detener al Jardinero fue desatado por los resultados de otro operativo exitoso: el 28 de octubre de hace dos años, Armando Gómez Núñez, conocido como Delta 1, cayó en Zapopan, Jalisco, como un objetivo prioritario para frenar el fenómeno de las desapariciones forzadas en el occidente del país.
La detención del Delta 1 estaba en lo alto de las lista de importancia del gobierno federal, porque se le acusaba de crear lo que el sociólogo Jorge Ramírez, de la Universidad Autónoma de Guadalajara, llama como los “escuadrones de desaparición”, es decir, comandos que sustituyeron la improvisación del secuestro por tácticas coordinadas con vigilancia previa, control territorial y ejecución bajo el cuidado de policías municipales y estatales corruptos.
Bajo su mando, el grupo Los Deltas se convirtió en un referente negro de eficiencia criminal: cuando a Delta 1 se le detuvo en agosto de 2024, los reportes de desapariciones forzadas descendieron a una velocidad récord en Jalisco, según el académico Jorge Ramírez.
Pasó un tiempo en prisión, pero un juez cambió sus medidas cautelares para que hiciera arresto domiciliario, debido a supuestos problemas de salud. Escapó, volvió a operar su célula especializada en raptos y de nuevo subieron las cifras de desaparecidos en la zona metropolitana de Guadalajara.
Lo hallado durante el operativo que llevó a su reaprehensión, más toda la información previa obtenida de la intervención de comunicaciones privadas, permitió crear nuevos productos de inteligencia criminal. Entre ellos, la data necesaria para detener a otro importante capo en Zapopan: César Alejandro 'N', El Güero Conta, operador financiero y mano derecha del Jardinero.
Los esquemas de pago del CJNG
El seguimiento sobre El Güero Conta, derivado de las investigaciones contra Delta 1, llevó a las autoridades a conocer con mayor profundidad los esquemas de pagos que salían desde Jalisco hacia los jefes que estaban en el resto del país. Entre ellos, El Jardinero, quien ya había establecido su feudo en Nayarit.
Audias 'N' había elegido ese pequeño estado mexicano por su costa menos vigilada que la de Michoacán o Colima, además de que sus carreteras le permitían conectar con Sinaloa al norte del país y con Jalisco hacia el sur. La cercanía con Guadalajara, y su aeropuerto internacional, también fue un factor para decidir su lugar de residencia y operaciones.
“Se logró establecer una red de vínculos importante”, narra la fuente consultada. “Había cuentas bancarias, pagos, salarios fijos, abonos a proveedores. Todo eso se logró en los primeros meses del 2025”.
La investigación seguía su ritmo cuando un escándalo estalló en México: en marzo del 2025, a sólo 40 minutos de las oficinas del Güero Conta, en Teuchitlán, Jalisco, el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco reabrió un rancho de adiestramiento del CJNG y, gracias a las fotografías de cientos de zapatos abandonados, pertenecientes a personas reclutadas a la fuerza, el país se estremeció con el descubrimiento del Rancho Izaguirre.
La indignación nacional aceleró las pesquisas sobre las operaciones del cártel entonces dirigido por El Mencho y los investigaciones federales volvieron a los esquemas de pago: El Güero Conta le pagaba, como a muchos otros jefes, al Comandante Lastra, ubicado por la Fiscalía General de la República (FGR) como uno de los principales operadores del rancho.
Las siguientes detenciones fueron claves para ubicar que El Comandante Lastra tenía como principal superior a Hugo Gonzalo Mendoza Gaitán, alias El Sapo o El 90, quien durante años operó como el principal jefe de plaza en Puerto Vallarta, donde dirigía desde extorsiones y secuestros hasta centros telefónicos que creaban sofisticados fraudes contra jubilados mediante la venta de falsos tiempos compartidos.
“Lo que había iniciado con Delta 1 fue evolucionando en más y más información y eso es lo que buscamos: que nuestros productos de inteligencia criminal no ‘mueran’ con la detención de un presunto criminal, sino que generen sus propios datos para los siguientes operativos exitosos”, cuenta la fuente.
Las pesquisas siguientes llevaron la investigación fuera de Jalisco: una línea de investigación apuntaba a que El Sapo, temeroso por su captura a raíz del escándalo de Rancho Izaguirre, había abandonado Puerto Vallarta para irse a las montañas y dificultar su detención en un operativo sorpresa. Su nueva ubicación estaría en la sierra de Nayarit, donde finalmente cayó El Jardinero.
Del Rancho Izaguirre a la guarida en Nayarit
Con la sierra de Nayarit como posible ubicación del máximo responsable del Rancho Izaguirre, las investigaciones federales se dedicaron a ubicar el movimiento del cártel jalisciense en esa región.
Se trató, cuenta el entrevistado, de un trabajo arduo y de campo: infiltraciones en municipios, investigaciones secretas, peticiones a jueces para permitir la intercepción de telecomunicaciones y hasta trabajo de barandilla con personas que iban a los separos municipales por faltas pequeñas y conocían las dinámicas criminales locales.
Los hallazgos también fueron fundamentales para el operativo en Tapalpa, Jalisco, del 22 de febrero, que terminó con el abatimiento del Mencho.
Cuando el panorama del CJNG en la zona comenzó a armarse como un rompecabezas, los agentes cambiaron el enfoque. Hallaron una residencia en la zona serrana de La Yesca, Nayarit, lejos de las zonas urbanas y cuyo único acceso vía terrestre era por caminos de terracería que impiden una circulación a alta velocidad.
Los datos recabados arrojarían que se trataba del escondite del Jardinero, un objetivo prioritario para México y por quien el gobierno de Estados Unidos ofrecía una recompensa de cinco millones de dólares.
El trabajo fue brutal. 380 operaciones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento y cien horas de ensayo de operaciones helitransportadas. A principios de abril, cuando se confirmó que aquel rancho era su centro de operaciones, inició un seguimiento ininterrumpido. Sólo faltaba encontrar el momento idóneo.
El 25 de abril se dieron las condiciones para desatar la acción coordinada de más de 120 integrantes de la Secretaría de Marina más los tripulantes de seis helicópteros militares.
El Jardinero había sido visto, con claridad, arribando a su rancho en una camioneta Suburban. Cuando se vio rodeado, intentó huir escondiéndose en una tubería de aguas negras, de donde los militares lo sacaron y esposaron. En menos de 30 minutos, ya estaba fuera del alcance de todos sus hombres.
Casi al mismo tiempo, el gobierno federal desató otro operativo, pero a 155 kilómetros: en Zapopan, Jalisco, El Güero Conta había sido detenido con un arma larga, 50 cartuchos útiles, cerca de mil dosis de metanfetamina, celulares y un vehículo. Su ubicación se había logrado también por los operativos contra Delta 1, el Rancho Izaguirre y la celada a Nemesio Oseguera Cervantes.
Ahora ambos duermen en una prisión de máxima seguridad. El Jardinero tiene una celda en el penal del Altiplano en el Estado de México y El Güero Conta un camarote en Puente Grande, Jalisco. Mientras aguardan sus juicios, o posible traslado a Estados Unidos, los agentes federales ya trabajan en el próximo operativo contra otros liderazgos del CJNG con un objetivo en mente: que la caída de un capo haga tropezar a otro.
MD