Cuando empaté contra Julio César Chávez

Doble filo

Coincidiendo con el estreno de la serie ‘Chávez vs. Chávez’, de Diego Enrique Osorno, se rememora un combate real, sin ganador, de un reportero contra el César del boxeo.

El exboxeador profesional Julio César Chávez. (EFE/Francisco Guasco)
Ciudad de México /
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I

Que empaté en un “tirito” contra el célebre Julio César Chávez suena increíble, pero fue verdad, y no se trata de una alegoría relacionada con las dos entrevistas que le hice cuando él todavía era el rey de los cuadriláteros, ni mucho menos.

Para los escépticos, aquí la historia.

II

1989. La primera vez que entrevisté a Julio César Chávez, se preparaba para obtener el tercer título mundial de seis que logró en su carrera. En esa ocasión iba tras el de peso superligero, frente a Roger Mayweather. Entrenaba en el gimnasio Nuevo Jordán, a media cuadra del metro Salto del Agua de la Ciudad de México y era campeón ligero vigente del Consejo Mundial de Boxeo. Aunque se trataba de una práctica, arriba del ring él parecía un tigre tras la caza de su presa, en este caso un sparring de tez morena y mucho acné que en su rostro alternaba gestos de arrojo y perplejidad.

Una semana antes de mi presencia en el gimnasio, en algunos diarios deportivos se comentó que Chávez había llegado enojado al aeropuerto de la Ciudad de México sin contestar preguntas de los medios de comunicación. Por esa razón, con cierto temor le pedí una entrevista y él amablemente me dijo que me esperaba tres días después en su campamento del Estado de México.

Cumplió su palabra y me recibió en la habitación de un hotel que estaba sobre la carretera de México a Toluca. Me preguntó si quería una manzana, tomó dos de un frutero, las lavó él mismo y me ofreció una. Me conmovió su cordialidad, sobre todo porque la revista Diva para la que trabajaba en ese momento era poco conocida.

III

Nueve años después, JC Chávez se prepara para recuperar el título vacante superligero frente a Miguel Ángel González en la Plaza México. Me entero de que Chávez está entrenando en las instalaciones que tiene la Comisión Nacional del Deporte (CONADE) en Temoaya, Estado de México, a tres mil metros de altura y me voy a probar suerte.

Julio César no quiere saber nada de reporteros porque la semana anterior algunos lo acusaron de haberse desaparecido durante un par de días. Él dice que se fue a Toluca como parte de su preparación y acusa de amarillismo a ciertos medios impresos.

En un mismo día corre diez kilómetros y boxea ocho rounds con sparrings. Todavía era un temible rival para sus adversarios, pero ya había perdido el aura de invicto y el declive no podía ocultarse.

Un reportero de Texas se regresa a Estados Unidos luego de tres días de infructuosas peticiones para entrevistar al boxeador mexicano. A otro periodista de Indonesia le sucede lo mismo.

Después de tres días de asedio en el Centro Ceremonial Otomí, incluidas dos noches que me quedé a dormir en un catre dentro de un salón vacío, Chávez acepta cruzar palabras conmigo, pero sólo para retarme: “A ver, vamos a jugar un partidito de ping-pong y, si me ganas, te doy la entrevista”.

Yo había medio aprendido a jugar ping-pong en la secundaria, pero llevaba tres décadas sin tener una raqueta en la mano. Fingiendo determinación, muy salsa, le dije “¡órale!”.

Supongo que lo agarré desprevenido porque me fui arriba 2-0 en el marcador. Ya más avispado, él ganó con mucha facilidad los dos puntos siguientes. En ese momento, providencialmente, se rompió la pelotita. Aún más milagroso fue que nadie encontró otra de repuesto.

Entonces, Chávez dijo: “Ya vas, canijo, vamos a platicar”. Al oír esas palabras, me volvió el alma al cuerpo.

Después de aquella entrevista con el campeón, uno de sus ayudantes me dijo: “De veras que tienes suerte, aquí nadie de todo el equipo le ha ganado a Julio en el ping-pong. Ibas a perder”.

IV

Si en mi primera entrevista con Julio César alguien fue amable conmigo, fue el propio Chávez. En la segunda, mi ángel guardián fue José Daniel Castro Ugalde, mejor conocido como El Profe, quien preparó físicamente al campeón durante casi toda su carrera.

Gracias al Profe Ugalde me pude quedar en las instalaciones del Centro Ceremonial Otomí y eso ayudó a que JC terminara por ubicarme, aunque fuera como un reportero necio. La entrevista se publicó en 1998, en Milenio Semanal.

V

En la entrevista de 1989 le pregunté directamente a Julio César Chávez si consumía alcohol o drogas. Me dijo que le fascinaba la cerveza, pero que no le entraba “al alcohol fuerte ni a las drogas, porque no quiero terminar como tantos otros”.

Creo que en ese momento me decía la verdad, pero más adelante sí cayó en adicciones hasta el punto de ser anexado sin su consentimiento en un centro de rehabilitación, lo que le salvó la vida.

En la charla de 1998 le comenté a Chávez que él había sido un consentido de Carlos Salinas de Gortari, pero que con Ernesto Zedillo parecía una celebridad perseguida. Respondió: “El que nada debe, nada teme. Yo no le he hecho nada al gobierno, me han acusado de muchas cosas y no me han comprobado nada, soy un hombre libre”.

VI

Durante la reciente conferencia de prensa en la que se presentó Chávez vs. Chávez, dirigida por Diego Enrique Osorno, el exboxeador dijo que al ver la serie lloró por los sufrimientos que le provocó a toda su familia debido a las adicciones, y se mostró orgulloso, pero no confiado, de “estar limpio durante 18 años”.

La libertad de la que gozó Osorno quedó demostrada en esa misma presentación, cuando Julio César dijo que el director “se saltó las trancas”, refiriéndose a que en un capítulo su exesposa lo acusa de haberla golpeado. Chávez argumentó que eso fue una argucia legal dentro de un juicio de repartición de bienes.

Chávez vs. Chávez consta de cinco capítulos que abordan el ascenso, la cima, la caída, la recuperación, la gloria y la penitencia. El primer capítulo se estrenó el jueves 10 de septiembre en televisión abierta y la serie completa está disponible desde el viernes 11 en la plataforma Vix.

Diego Enrique Osorno cuenta con gran experiencia en el periodismo escrito, además de ser autor de varios libros, podcasts y director y productor de reconocidos materiales audiovisuales como El show, crónica de un asesinato —de Paco Stanley—, La montaña —viaje trasatlántico de los zapatistas—, 1994 —el año de la insurrección zapatista, el magnicidio de Colosio y la crisis económica en México—, entre muchos otros.

VII

En 2007, Diego Luna dirigió la película documental J.C. Chávez, un buen primer retrato íntimo del boxeador, aunque la serie Chávez vs. Chávez promete algo extra: un gran mural en el que se tratan los temas más a fondo, con la participación de muchos de los familiares cercanos del ídolo, de él mismo y de otros personajes famosos, además de haber tenido a su disposición el archivo histórico de Televisa.

En el documental de Diego Luna hay varios aciertos, como la entrevista a doña Isabel González, mamá del campeón, quien no sólo habla de sus temores por la salud de su hijo dentro de una profesión tan peligrosa sino que también afirma que el promotor Don King le quedó a deber dinero a Chávez.

Carlos Salinas de Gortari muestra con orgullo los guantes que JC le regaló después de la pelea contra Héctor Macho Camacho. El escritor José Agustín y el periodista Javier Solórzano hablan de cómo Salinas usó para su beneficio político el éxito del peleador.

También hay entrevistas llenas de elogios para Chávez con Mike Tyson, Óscar de la Hoya, José Sulaimán y un taxista de Culiacán que lo vio crecer.

VIII

Aquí, algunas frases de Julio César Chávez, tomadas de las dos entrevistas que me concedió:

“Entré al boxeo porque me gustaba y me sigue gustando. Es algo que se trae en la sangre. Yo creo que el deportista nace, no se hace. Yo ya nací boxeador”.

“Me considero un boxeador inteligente que pega muchos golpes y que también aguanta mucho. Sé boxear y sé fajarme”.

“Al adversario hay que destruirlo. O él o yo. Terminada la pelea, le doy la mano y soy su amigo; arriba del ring, no”.

“Uno que otro periodista dice que no soy ídolo, pero a cualquier lado que voy la gente me sigue y me demuestra cariño. Donde peleo, se llena la arena. Gano lo que ninguno gana y, a lo mejor, eso les molesta”.

“A veces sí me afecta no tener vida privada, que estén chingue y chingue”.

“Mucha gente me busca, pero yo sé quiénes son mis amigos de verdad”.

“Las mujeres se me acercan mucho, pero no es de ahora, siempre he tenido mi pegue”.

“Si anduve, no me acuerdo” (con Salma Hayek).

“Por más dinero que ganes, nunca aseguras nada en la vida. El dinero no lo es todo... pero cómo te saca de apuros”.

“Todas mis peleas han sido limpias. A mí nunca me han propuesto algo chueco ni aceptaría”.

“Me apoyo en Dios, soy católico. Me apoyo en mis familiares, me pongo a entrenar y me olvido de todo”.

“Ya estoy listo para el retiro, pero quiero irme dignamente. No me preocupa dejar el box porque tendría muchas cosas que hacer: administrar mis gasolineras, mis edificios”.

“Cuando le di el famoso golpe a Meldrick Taylor no pensaba en nada, lo único que quería era que se acabara la pelea porque estaba cansadísimo”.

“Si no vi el chingadazo que me dio Randall, menos voy a tener tiempo para pensar en algo”.

“Tuve muchas carencias en mi infancia, siempre quise una bicicleta”.

“Mi ídolo deportivo es El Púas, pero él siempre me ha echado mucho. También admiro al Finito López, el mejor de todos”.

“Soy una gente común y corriente, alguien que se ha sacrificado mucho para tener un nombre, para darle lo mejor a su familia. Para hacer algo en la vida tienes que sufrir”.

“Soy el mismo cabrón de siempre”.

AQ / MCB

  • Fernando Figueroa
  • Estudió periodismo en la UNAM y es autor de El mejor oficio del mundo. 60 entrevistas, libro de charlas con personajes de la cultura, espectáculos y deportes, realizadas durante cuatro décadas.

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