Sin morada: Joseph Roth, espejo trágico de la Europa de entreguerras

Escolios

Entre orfandad, guerra y exilio, Roth encarnó el desarraigo de Europa. Su obra revela la intemperie del siglo XX y advierte sobre el avance totalitario.

Joseph Roth, escritor austriaco. (Montaje: Laberinto)
Ciudad de México /

Pocos escritores transmiten la experiencia del dolor, la deriva existencial y la fugacidad de la dicha con la precisión e intensidad de Joseph Roth (1894-1939). La devota biografía de este escritor, La fuga sin fin. Genio y tragedia de Joseph Roth, de Keyron Pim (Universidad Veracruzana, 2026, traducción de Jorge Brash), ofrece claves para entender esta prodigiosa sensibilidad. La vida Roth está marcada por los más asombrosos contrastes: en su figura se mezclan el drama personal con el histórico y la búsqueda de identidad y mitomanía propia con las diversas raigambres culturales y mitologías políticas de la Europa de entreguerras. Roth nace en un rincón oriental del Imperio austrohúngaro, en el seno de una familia judía pobre y tradicional. Huérfano de un padre loco, crece en el desamparo, dependiente de parientes acomodados y con una madre absorbente a la que abandona en cuanto puede. Pelea en la Primera Guerra Mundial por el Imperio y, muy joven, comienza su agitada carrera periodística, etílica y literaria. Se establece en Viena, deseoso de borrar sus raíces, vive un tiempo en Berlín donde celebra un matrimonio que se empeña en arruinar, se enamora de París (donde finalmente morirá) y se gradúa como un trotamundos que viaja por toda Europa haciendo reportajes, rastreando personajes para sus cuentos y novelas y buscando desesperadamente el sustento y el reconocimiento. Extranjero perenne, renuncia a una morada propia y únicamente adquiere cierto sentido de pertenencia en el espacio impersonal y extraterritorial de los hoteles o de los bares y cafés.

Sus escritos literarios y periodísticos, se nutren con la nostalgia del Imperio, con los detritus de una guerra terrible y absurda, con la degradación y la radicalidad política en ascenso, y con ríos de alcohol. En efecto, este hombre endurecido se reblandece con el licor y, después de dos tragos, abraza una fraternidad universal que se conduele del sufrimiento ajeno y que tiene una mirada especialmente aguda para los miserables, los fracasados, los apátridas y, también, para las turbas de fanáticos que deja el desencanto. Porque, a diferencia de los tardíos reflejos de muchos de sus contemporáneos (su amigo Stefan Zweig), Roth es un profeta de la barbarie y desde sus primeros escritos advierte la incubación del huevo de la serpiente y la entronización de la locura política. De modo que, si sus posturas parecen volubles, a ratos judío, a ratos católico, a ratos pacifista, socialista o finalmente monárquico, Roth mantiene una furiosa adhesión a la libertad interior y un agudo olfato contra los totalitarismos en ciernes. La hermosa pesquisa biográfica de Keyron Pim resulta mucho más que una investigación académica, tiene el ritmo de una atormentada novela de formación culminada en el aprendizaje más fatídico, el de la autodestrucción. Sin embargo, en ese proceso de caída, Joseph Roth deja algunos de los testimonios humanos y literarios más desgarradores de los mundos y las identidades que le tocó vivir.

AQ / MCB

  • Armando González Torres
  • Armando González Torres. Ha ganado varios premios literarios. Es autor de alrededor de 20 libros, como los de poesía Los días prolijos y La peste, y los de ensayo y aforismo La lectura y la sospecha y Sobreperdonar.

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