El año de Yolanda Vargas Dulché: celebrando a la creadora de Memín Pinguín en su centenario

Doble filo

Si en 2026 se celebra oficialmente el bicentenario del nacimiento de Margarita Maza, también se cumple un siglo de la llegada al mundo de la popular historietista.

Yolanda Vargas Dulché, 1926-1999. (Montaje: Laberinto)
Ciudad de México /

I

La interesante vida de Margarita Maza Parada, más conocida como Margarita Maza de Juárez, es un buen motivo para que 2026 sea considerado su año por parte del gobierno federal.

Son conocidas muchas anécdotas, algunas coloreadas con tintes de leyenda, de la mujer que tuvo una docena de hijos, cinco de los cuales fallecieron en la infancia; además de su apoyo incondicional y permanente al Benemérito de las Américas, con el intenso trajín que eso implicó.

Doña Margarita nació el 29 de marzo de 1826 y murió el 2 de enero de 1871.

II

A Margarita Maza le sobrarán loas y homenajes en los próximos días, así que aquí el recuerdo es para Yolanda Vargas Dulché, cuyo padre se llamó, coincidentemente, Armando Vargas de la Maza, quien fue periodista, actor y cineasta. Dirigió a Pedro Armendáriz en la película El indio (1938), con guion de Celestino Gorostiza y del propio Armando Vargas, a partir de la novela homónima de Gregorio López y Fuentes.

Yolanda Vargas Dulché nació el 18 de julio de 1926 y murió el 8 de agosto de 1999. Su éxito como historietista se materializó en millones de ejemplares vendidos cada semana en México y buena parte de América y Asia.

III

En su casa del Pedregal de San Ángel, Yolanda Vargas Dulché me contó que sus padres se divorciaron cuando ella tenía cinco años, y que a esa tierna edad la metieron de tiempo completo a un internado de monjas. Tan cruel acción era entonces hasta cierto punto normal, pues se pensaba que de esa manera se evitaba que los niños fueran testigos del rompimiento conyugal.

Luego de pasar un año en el internado, donde literalmente era nalgueada al amanecer cuando no se levantaba a tiempo de la cama, Yolandita volvió al hogar y su padre ya no estaba ahí.

Aunque padeció carencias económicas, fue feliz durante su infancia al lado de su madre, Josefina, quien fue hermana de la periodista y escritora Catalina Dulché, quien profesionalmente se hacía llamar Catalina D’Erzell.

Con un papá y una tía que tenían buena pluma, a Yolanda también le dio por escribir. Cuando estudiaba secundaria, según me platicó, tuvo la necesidad de expresar su mundo interior y escribió en una libreta escolar un texto titulado Cristal, que décadas después fue publicado.

Quise saber por qué eligió “Cristal” como título y así respondió: “Yo quería contar mi vida de forma transparente, sin ninguna opacidad. La palabra Cristal me ha seguido toda mi vida, así se llama mi quinta hija y también los hoteles que maneja mi esposo”.

Me platicó que siendo muy joven envió unos cuentos al periódico El Universal, “que fueron publicados con halagadoras notas de la redacción. Yo me sentía feliz. Entonces alguien me preguntó si quería escribir historietas, que yo no conocía. Dije que sí y me metí muy joven en esa aventura. Empecé escribiendo argumentos cortos en una revista llamada Chamaco Chico, en la que se publicaban diferentes tipos de historietas”.

IV

A Vargas Dulché le pregunté cuál fue su primer hit comercial: “Chispitas. Era una chamaca de barrio tremenda, muy brava, que les pegaba a todos y los agredidos veían chispitas. Esa historia luego se llamó Ladronzuela. Después vinieron María Isabel, Encrucijada, Rubí, El pecado de Oyuki, Gabriel y Gabriela, Vagabundo”.

Tuve el privilegio de que me contara cuál era la historia detrás de Memín Pinguín: “Se publicó primero dentro de la revista Pepín, en una sección llamada Almas de Niño. En aquel entonces Memín era una historia muy breve, igual que María Isabel, que entonces se llamaba Indita. Empecé con Memín en tiempos de Ávila Camacho, y por cierto su mamá también se llamaba Eufrosina. Un día, García Valseca, el dueño de la editorial, me llamó para pedirme que le cambiara de nombre a ese personaje. Yo le dije que no, porque no era un personaje negativo, al contrario”.

El nombre de Memín surgió de la vida real: “Así se llama mi marido (Guillermo de la Parra). En aquel momento éramos novios y él me contó que era tan travieso que le decían Memín Pinguín”.

Me intrigaba por qué Memín era un negrito pelón y no un morenito de cabello lacio. La autora lo explicó así: “Yo había estado en Cuba y ahí me fascinaron los niños negritos que parecían de chocolate. Por eso me gustó que lo dibujaran pelón y orejón”.

Vargas Dulché había estado en Cuba con su hermana Elba, con quien formaba el dueto de cantantes llamado Rubia y Morena.

V

La señora Vargas Dulché me dijo que siempre trabajó las historietas al lado de los dibujantes: “Yo imagino al personaje y de común acuerdo le vamos haciendo modificaciones”.

Algo que me pareció mágico de aquella conversación, fue el momento en que doña Yolanda dijo esto: “Cuando un personaje tiene mucha fuerza, se empieza a mover solo. Y yo lo sigo. Con Memín no me daba tiempo de escribir tanta babosada que hacía el chamaco. De pronto, sentía que el bárbaro se me iba de las manos. Cuando empecé a escribirlo, me reía sola y mi madre me preguntaba de qué me reía y yo le contestaba: pues de las tarugadas de Memín”.

Con sutil ironía y buen humor, comentó: “Yo no sé por qué siempre puse a mis heroínas sin papá, ja, ja, ja. Memín tampoco tenía papá y su amor por Eufrosina era igual al que yo sentía por mi madre. A mi padre lo admiré por su inteligencia y don de palabra. A mi madre la quise más, no por haberme engendrado sino por el trato. Con ella crecí, la vi sufrir, era quien me coscorroneaba, quien batallaba conmigo. Afortunadamente, en las historietas sólo se ha reflejado el amor a mi madre y no el poquito de coraje que hubiera podido sentir con mi papá. Siempre he tratado de ver el lado positivo de la vida. Estoy hecha de una amalgama un poco rara”.

Quise saber a cuáles personajes salvaría en un naufragio y ella respondió sin dudar: “A los más desvalidos: Memín y María Isabel. Memín por ser un niño travieso y María Isabel por ser una mujer inteligente pero sin instrucción”.

VI

En 2013 platiqué con la actriz y escritora Emoé de la Parra, hija de Yolanda Vargas Dulché. En aquel entonces me dijo que su mamá siempre se opuso a que Memín Pinguín se llevara a la televisión “y tenía razón, pero tal vez ya sea tiempo de replantear ese asunto porque Memín podría quedar en el olvido si no se hace algo nuevo con él”. Planteó la posibilidad de realizar una serie de dibujos animados.

Tres meses después de aquella entrevista, el dibujante Sixto Valencia ganó un litigio sobre los derechos de la imagen gráfica de Memín Pinguín.

Si Memín era muy travieso y tenía malas calificaciones en la escuela, su “hermana” Emoé de la Parra es licenciada en filosofía por la UNAM, con estudios de posgrado en la Sorbona de París y en Oxford. También tomó cursos de actuación en Francia y Dinamarca.

Dramaturga y ensayista, Emoé ha participado como actriz en varias telenovelas escritas por su mamá. En María Isabel, por ejemplo, interpretó a la villana Deborah Serrano.

VII

Acerca del origen de la historieta María Isabel, Yolanda Vargas Dulché me dijo en su casa: “Nació de una empleada que tenía mi madre. Nos relataba su vida, no tenía papá y su madrastra le pegaba hasta con la cazuela. Contaba sus tragedias sin pena, hasta riéndose”.

¿Y cómo fue capaz de escribir historias de personajes extranjeros como Yesenia y Oyuki?: “Cuando yo era niña, me sentaba en la banqueta para ver a unas gitanas que tenían un local cerca de mi casa. Admiraba su garbo, sus desplantes, el colorido de sus vestidos y sus pulseras. Las admiré mucho porque me parecían raras y complicadas. Oyuki es un personaje más elaborado. Surgió de mis muchas lecturas sobre la cultura japonesa. Sentí una gran necesidad de escribir sobre el carácter tan sumiso de la mujer japonesa y de la riqueza de sus costumbres”.

Ya en confianza, me atreví a preguntarle si los finales felices no le restan credibilidad a las historias. Su respuesta: “Yo estoy convencida de que las vidas sufridas llegan a tener recompensa y que en la vida todo se paga. A cierta edad ves eso con toda claridad. Se cosecha lo que se siembra. Yo tuve un personaje muy negativo como lo fue Rubí. No le importaba nada más que su belleza y era capaz de pasar por encima de todos con tal de lograr el triunfo”.

Le pregunté si lo más importante de una historia es que los personajes sean verosímiles. Su respuesta: “Por supuesto. Al público no lo puedes engañar, tienes que ser muy sincero y creer en lo que estás haciendo. Tus personajes los sacas de lo que has vivido y leído; no es que saques personajes de los libros, pero sí te amplían la visión”.

Acerca del traslado de sus historias del cómic a la televisión: “Me ha dado mucho gusto, es otro tratamiento. Los personajes no pueden ser tan llanos. Yo misma hago la adaptación. Únicamente en la segunda versión de Yesenia no participé y debo confesar que soy muy quisquillosa, sentía que una sola frase puede cambiar el carácter de un personaje”.

No podía irme de su casa sin comentarle que a las historietas y telenovelas se les acusa de reproducir el status quo y crear conformismo. Su respuesta fue contundente: “¡Ay, no! Existe mucha diversidad de temas, no es posible. La historieta y la televisión son muy criticadas pero abren panoramas a la gente, cosas que de otro modo no se les ocurrirían. Los libros muy elaborados de grandes autores no pueden leerse en primaria. Se necesita preparación para entender esa cultura. Nuestro pueblo no la tenía, pero la está adquiriendo”.

En mi siguiente pregunta utilicé el término “cultura popular” y ella reviró: “Lo que la gente lee es cultura. A la historieta se le ataca porque se presta para vender basura y pornografía, pero es un medio de comunicación muy simple y, sobre todo, muy económico. ¿Acaso no son historietas los códices prehispánicos, con todo y sus globitos?”.

VIII

La prolífica carrera de Yolanda Vargas Dulché ha servido para que muchos estudiantes la utilicen como tema de tesis de licenciatura y maestría en diversas carreras universitarias. Los títulos hablan por sí mismos: “Rubí, femme fatale en la historieta mexicana”, “La historieta y el cine”, “Cómics femeninos y feministas en el México del siglo XX: de la representación a la autodesignación”, “La otra literatura. Historietas mexicanas, su trama como un acercamiento a la lectura”.

IX

¿La bonanza económica afectó su originalidad?, le pregunté al final de mi plática con Vargas Dulché. Contestó: “Si acaso soy original, eso nunca lo voy a perder”.

La originalidad y el éxito de doña Yolanda perduran en el año de su centenario. ¡Hay que celebrarla!

AQ / MCB

  • Fernando Figueroa
  • Estudió periodismo en la UNAM y es autor de El mejor oficio del mundo. 60 entrevistas, libro de charlas con personajes de la cultura, espectáculos y deportes, realizadas durante cuatro décadas.

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