Las afectaciones por las lluvias atípicas del 9 de octubre de 2025, generadas por el paso de una vaguada monzónica en Hidalgo, aún se observan, palpan y respiran. Para los habitantes de las comunidades afectadas, sobre todo aquellas consideradas como de alto riesgo para albergar asentamientos humanos, hoy además se sienten, duelen.
A más de cinco meses de la tragedia, de una catástrofe no vista en 50 años, para los pobladores de las comunidades de Chapula y Tlacolula el eco del temor y el miedo ante nubes grises no se oculta, pero se resisten a ceder y luchan por su hogar.
Reubicación de afectados, en el aire
El 17 de marzo, el gobernador Julio Menchaca Salazar reconoció la necesidad de reubicar, “relocalizar”, cerca de 3 mil 200 viviendas de más de 100 localidades afectadas.
Si tomamos en cuenta un promedio de cuatro integrantes por familia, esto se traduce en el desplazamiento de 12 mil 800 personas, de acuerdo con estimaciones del Consejo Estatal de Población (Coespo).
En 2025, Hidalgo reflejó una población total de 3 millones 299 mil 857 habitantes; la cifra señalada implica que 0.38 por ciento de los hidalguenses requiere un nuevo espacio de vivienda. En cifras parece poco, pero para los damnificados lo es todo.
Comunidades permanecen inhabitables; casi 380 casas resultaron dañadas
MILENIO hizo un recorrido para constatar las condiciones en las que se encuentran ambas comunidades del municipio de Tianguistengo, las cuales fueron las primeras que la Subsecretaría de Protección Civil y Gestión de Riesgos de Hidalgo (Sspcgrh) declaró como zonas inhabitables luego de la crecida del río Hueyotlapa.
Dicho río nace en los límites con Zacualtipán y en su recorrido también se conoce como río Chapula o río Tlacolula, hasta Chicontepec, donde le nombran La Puerta, de acuerdo con el sitio web oficial de esa demarcación.
Cerca de 380 viviendas de ambas comunidades, ubicadas a la orilla del afluente, sufrieron el embate de la naturaleza. Hoy apenas se trata de una débil corriente de agua, pero las marcas, los daños, las pérdidas humanas son evidencia de la tragedia.
Los escombros siguen presentes como un fuerte recordatorio del riesgo y de la falta de acción de las autoridades en las tareas de reconstrucción.
Vías de acceso están en malas condiciones
Fue un traslado nada sencillo desde la cabecera municipal de Tianguistengo. En poco más de una hora de recorrido se constató que las vías de acceso están en pésimas condiciones y aún con residuos de los deslaves que por semanas mantuvieron incomunicadas a más de mil personas.
El pavimento de la carretera rural que tiene como destino las comunidades de El Hormiguero y Chapula es hoy casi invisible, y restos de los deslaves persisten sobre la otrora radiante carpeta asfáltica.
Apenas en 2024 el gobierno estatal había rehabilitado el crucero de Otlamalacatla a Xochimilco, en el subtramo Otlamalacatla-El Hormiguero, obra para la que dijeron haber destinado 7 millones 673 mil 215.76 pesos, pero para la tercera semana de marzo de 2026 se encuentra destrozada.
Cada curva es un peligro para quienes circulan por esa vialidad y en más de un punto la circulación se detiene debido a las maniobras de maquinaria pesada que sigue con el retiro de material. El camino se está liberando poco a poco, pero para las cerca de 160 familias que tenían su hogar en Chapula resta un largo recorrido aún.
Lo que hoy llaman vaguada monzónica arrasó con tramos enteros de la vía y, en algunos casos, solo dejó un carril para circular. En diversos puntos hay maquinaria pesada, topógrafos y personas trabajando para rehabilitarlos, una tarea que se antoja difícil en algunos casos porque la carretera corre a lo largo de la sierra y hay puntos con interminables barrancas… y muchos puntos ciegos.
Habitantes siguen trabajando sin apoyo oficial
A poco menos de un kilómetro del acceso principal de esta comunidad, a la orilla del río, hay una decena de personas trabajando; todas son habitantes de las comunidades de Chapula y El Hormiguero, dos de las más afectadas por el paso del huracán Priscilla y las lluvias que trajo consigo.
Dos de ellas agilizan la circulación y ceden el paso; otras cinco operan camiones de volteo, y tres más realizan maniobras con una excavadora, una aplanadora y una motoniveladora.
Con esta maquinaria extraen tierra del río seco para aumentar el nivel de la carretera rural y mejorar el tránsito de los vehículos de las familias que aún entran y salen, quienes, pese al riesgo, siguen viviendo en sus casas, algunas destrozadas y aún llenas de lodo.
Una de estas personas es Alfredo Cisneros Hernández, habitante de la comunidad de El Hormiguero, quien dedica su día a esta tarea y explica la situación que viven.
“Pues sí, de que vivimos en riesgo, vivimos en riesgo; aquí lo que es El Hormiguero, barrio Tilasco y la comunidad de Chapula están en riesgo”; sin embargo, no pueden dejar el hogar: “sobre la reubicación, vinieron a hacer un censo, pero todavía no es nada seguro, estamos entre que sí y que no, no hay nada seguro”.
Persiste el miedo; temen a nuevas lluvias e inundaciones
Mientras los camiones tiran el material sobre la vía para su posterior nivelación y aplanado, Alfredo ve al cielo de vez en vez; las nubes grises lo inquietan, no solo por las lluvias que pueden llegar en cualquier momento, sino por el mismo material que los trabajos de liberación de la carretera en tramos más altos de la sierra dejan caer en los arroyos, material que nuevamente puede azolvar el afluente y provocar una inundación.
Durante la entrevista, señala que las obras realizadas son gracias al apoyo gubernamental.
“La maquinaria la manda gobierno, sí apoyan; pero en la comunidad no dejamos de lado los trabajos para mejorar la calidad de vida. Apenas empezamos hace dos meses y seguimos trabajando para arreglar la carretera.
“Sí tenemos un ingreso de parte del gobierno, nos paga el gobierno y ahora sí que tenemos necesidad de chambear, tenemos que trabajar, no nos queda de otra… no hay otras fuentes de trabajo, nadie tiene trabajo… ninguno construye, nos hemos quedado sin trabajo”.
La inundación de hace cinco meses destruyó casas, arrastró piedras enormes y arrancó árboles de raíz; es cierto, pero también se llevó consigo la tranquilidad de la población.
Al menos 160 viviendas fueron declaradas inhabitables y a ello, como explicó Alfredo, se suma el temor a que el mismo material que están usando para arreglar la carretera en las partes altas pueda desprenderse y caer en los arroyos.
“Hay temor de que todo va a volver a bajar y azolvar el río, ese es el temor de todos, que se vuelva a inundar y el lodo va a bajar, se une al río y se va a tapar. Es el temor de la gente por vivir aquí”.
En Chapula, huracán Priscilla dejó 5 muertos
Desde la salida de la cabecera municipal de Tianguistengo hasta el acceso a Chapula no existe alguna señalética que indique el riesgo de la zona declarada inhabitable. Tampoco hay presencia de elementos de Protección Civil, Policía estatal o municipal, Guardia Nacional o Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa).
Alfredo reconoce un abandono total en lo que se refiere a trabajos preventivos por parte de las autoridades.
“No hay pláticas, nadie viene, nada de eso, más que la reubicación, pero ¿y si no existe? Mientras que no haya nada de eso no hay otra cosa, solo esperar a ver qué pasa”.
Las casas destrozadas, apenas reconocibles, son la antesala al arco de bienvenida a Chapula: cinco cruces de madera hechas con las ramas de los árboles derribados se erigen entre los escombros.
“Cinco fallecidos por el paso del huracán Priscilla”, dice el eco de la tragedia, un recordatorio para los pobladores que se niegan a abandonar sus hogares porque no tienen nada más.
“Algunos aprovechan que es temporada de calor y el río no crece y vienen a vivir aquí otra vez. Otros se fueron a rentar a Zacualtipán (municipio a más de una hora de camino), porque no nos dicen nada de reubicación; dicen de un predio arriba de Tianguistengo, donde tiraban basura, pero no hay nada seguro”, dijo Rafael, un joven que sacaba escombros de la casa de un adulto mayor.
La crecida del río no sólo dañó Chapula, sino también a la comunidad vecina de Tlacolula, ambas de Tianguistengo. Hay 220 viviendas afectadas en esta población de 800 habitantes. Tras las lluvias intensas de octubre en Hidalgo, 100 casas registraron daño total; el resto, daño parcial.
Comunidades devastadas por el desbordamiento
Los servicios públicos fueron los más afectados y hoy algunos siguen ausentes: un preescolar abatido, una primaria destrozada, una telesecundaria destruida y un plantel del Colegio de Bachilleres de Hidalgo (Cobaeh) con sólo una planta (de dos) útil.
La energía eléctrica, como era de esperarse por las condiciones y los hechos, falló, aunque ya han logrado habilitar una línea. Las redes de agua potable y de drenaje continúan sin operar. Esa es la realidad de esta población a cinco meses de la tragedia.
Luis Ángel Rodríguez Galindo, delegado de la comunidad de Tlacolula, relató a MILENIO las afectaciones que tuvo su localidad a raíz del huracán Priscilla y reconoce la respuesta de los tres niveles de gobierno, aunque no la califica, “pues sí hubo respuesta”.
Apoyos insuficientes y reconstrucción detenida
El apoyo del gobierno federal, en una primera entrega de 20 mil pesos, sirvió para limpieza y alimentación; el segundo apoyo no llegó a todos; incluso, señala, algunas personas que lo perdieron todo no recibieron nada.
Finalmente, la emergencia concluyó, pero la reconstrucción no inicia y, ante la falta de acción de las instituciones, la propia comunidad tomó decisiones para garantizar la educación de sus menores.
“En los meses de octubre, noviembre y diciembre, después de que pasó el huracán, le dimos prioridad a la alimentación, limpieza de calles, pero en enero se acabaron las vacaciones y (llegó) la preocupación: la prioridad fue la educación de nuestros hijos, pensamos en cómo se iba a atender lo del proceso educativo (pues todos sus planteles escolares fueron abatidos por el río).
“Los comités se organizaron para buscar espacios dentro de la comunidad que no salieron dañados; con aportación económica de ellos (padres de familia y habitantes) pudimos subsanar y habilitar ciertos espacios particulares, casas, espacios del pueblo; se prestó para la primaria una casa, ahí está funcionando, es un espacio pequeño, reducido, no adecuado, pero ya están trabajando los maestros de la primaria”, manifestó.
Padres improvisan escuelas para no perder el ciclo
El preescolar, igualmente destruido por las inundaciones, cambió de sede a otro espacio particular para operar, detalla el delegado comunitario.
La telesecundaria que colapsó se instaló en un espacio a un costado de la iglesia de Tlacolula, un cuarto que denominan “curatio”, que servía de bodega; sin embargo, su significado en contexto eclesiástico asocia el “curatio” a la cura pastoral o la unción de los enfermos; se refiere al cuidado espiritual y sanación de las almas.
“Otro espacio es el segundo piso del Cobaeh; también toman clases en una casa prestada, pero los padres de familia habilitaron los espacios de salones que no representan riesgo; de cierta manera hay paredes tiradas, sí, pero la estructura se ve firme, sin daños, y ahí también se usa el espacio.
“Porque la escuela del Cobaeh de Tlacolula atiende a varias comunidades de pueblos circunvecinos y la preocupación de los padres es si dará atención o tenían que cambiar de escuela. Nuestros padres batallaron mucho para tener esa escuela (con apenas ocho años de su inauguración) y no la vamos a dejar en abandono, no va con nosotros”, sentenció.
Rechazan reubicación y exigen permanecer
Unas horas caminando por las calles inundadas en Chapula, observando las filtraciones de agua en los cimientos de las viviendas, cruzando los puentes improvisados de madera para llegar al otro lado del río, circulando por carreteras rurales dañadas que han provocado optar por caminar en lugar de usar vehículos, son razones suficientes para cuestionar el abandono.
La nula presencia de elementos de Protección Civil u otras autoridades que atiendan alguna situación de emergencia corrobora lo que la gente siente: “Nos olvidaron”.
Mantienen una sola preocupación, no sólo en Chapula sino también en Tlacolula: “¿cuándo van a iniciar los trabajos de reconstrucción de las instituciones?”, una duda que hace eco en los escombros y cuya respuesta, afirman, sólo es silencio.
Hay desconfianza hacia el plan de reubicación
Habitantes de ambas comunidades de Tianguistengo reconocen y confirman la recepción de apoyos para atender la emergencia; Luis Ángel y Alfredo tuvieron este beneficio, pero no es suficiente.
También hay personas que aseguran no haber recibido nada de alguno de los tres niveles de gobierno, a pesar de haber perdido su vivienda y sus enseres domésticos.
Todos coinciden y niegan acercamiento alguno de las autoridades para conocer los detalles del proyecto de reubicación, “relocalización”, le llaman.
“No confiamos ya en el gobierno, no sabemos nada de la reubicación, por eso preferimos quedarnos en nuestras casas”; “si se va toda mi familia, pues sí me tendría que ir, pero no quiero”; “me molesta mucho que digan que mi comunidad es inhabitable”, son algunas de las frases comunes entre la población de ambas localidades.
“Hay mucha incertidumbre con el tema de la reubicación. Se dicen varias cosas, que ya se tienen que ir a otro espacio, que la comunidad está en zona de riesgo, pero, pues si vemos la otra parte de la moneda, la gente está arraigada aquí, tienen sus predios, animales, familia; es complicado trasladarse a otro lugar, es el detalle; la mayoría de la gente lo que sugiere, opina y propone es que precisamente haya reconstrucción de lo que tenemos.
“Por ello solicitamos el apoyo de los tres niveles de gobierno para reconstruir el pueblo de Tlacolula, porque, pues sabemos que el río es un peligro latente, pero con algunas obras de mitigación, como una barda de contención, como se menciona con los vecinos, tenemos confianza en que con esa obra, una barda que vaya a blindar la comunidad desde la bajada del río hasta abajo del puente, esa obra puede dar certeza, confianza a la gente que de cierta manera se mantiene segura la comunidad”, sentenció Luis Ángel.
Promesas oficiales; garantizan apoyo millonario para trabajos de reconstrucción
El 17 de marzo, durante la Mañanera del Pueblo, el gobernador Julio Menchaca Salazar garantizó la disposición de 8 mil millones de pesos de los presupuestos estatal y federal para atender los trabajos de reconstrucción en las más de 100 comunidades afectadas en 28 municipios.
Sin embargo, apenas se desarrollan los trabajos de licitación, esto para rehabilitación de carreteras estatales y federales, puentes colapsados y otra infraestructura dañada por la vaguada monzónica, procesos que tardan, por ley, desde 15 días hasta dos meses, dependiendo del proceso de contratación.
Los trabajos de reubicación de personas damnificadas, apuntó entonces el mandatario estatal, iniciaron en San Bartolo Tutotepec, aunque, de acuerdo con los datos de la Comisión Estatal de Vivienda (Cevi), se tiene una proyección de 88 viviendas a instalar.
Se trata de casas de 61.47 metros cuadrados con posibilidad de que se amplíen por parte de los pobladores, esto únicamente en 25 comunidades del municipio.
Hay siete predios para relocalizar las 3 mil 200 viviendas: un terreno ejidal de 14 hectáreas donde se prevé dar estas casas nuevas a los habitantes de Chapula y Tlacolula, sumado a otras comunidades afectadas para sumar 515 viviendas más, pero no hay fecha de inicio de obra o de traslado de personas.
“Nadie ha venido a decirnos nada de la reubicación; aunque pongan letreros o lonas, yo no sé leer; no he tenido acercamiento con nadie. Unos vecinos me dijeron que vinieron unas personas a la cancha, esa de ahí arriba, donde estuvimos semanas incomunicados y sin saber si nos iban a ayudar, pero no sé nada de reubicarnos”, reconoció una habitante de Chapula, una mujer de la tercera edad que cargaba una cubeta para llevar agua del río a su casa, una mujer de mirada triste y evidente cansancio que no deja de luchar por su casa y su calidad de vida.
KSH