Los herederos del Mencho pactaron entregar 6.3 mil millones de dólares al aparato de justicia de Estados Unidos. Una cadena de supermercados como Chedraui cuesta menos, pero ellas y ellos decidieron ceder una tajada de sus fortunas a cambio de aligerar sus penas.
Al menos seis familiares del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que murió en un enfrentamiento con las autoridades mexicanas el 22 de febrero, han acudido a recursos desesperados: además de desprenderse de parte de su patrimonio y revelar secretos, enviaron cartas personales en las que revelan arrepentimiento por sus conductas delictivas.
MILENIO revisó centenares de páginas de los seis procesos judiciales que han enfrentado en Estados Unidos hijos, hijas, yernos y cuñados del capo, quienes fueron acusados de colusión con el cártel de las cuatro letras y del posterior lavado de dinero para blanquear sus ganancias.
La lista está integrada por el hijo del Mencho, Rubén Oseguera González, El Menchito, y su hija Jessica Johanna Oseguera González, La Negra; además del yerno Cristian Fernando Gutiérrez Ochoa, El Guacho, y los cuñados Gerardo González Valencia, El Lalo; José González Valencia, El Chepa, y Abigael González Valencia, El Cuini, cabeza del grupo al que presuntamente pertenecían los dos anteriores: Los Cuinis. Toda una estirpe.
Entre 2021 y la fecha, estos familiares han aceptado entregar una cantidad estratosférica que en total suma 6 mil 299 millones 750 mil dólares (unos 108 mil millones de pesos). Una bolsa que alcanzaría para pagar un año completo de salario mínimo a 943 mil personas.
Sin embargo, junto con el dinero, también enviaron decenas de emotivas cartas a los jueces asegurando ser gente honesta, con profundo amor a Dios, que, según ellos, llevaban comidas a orfanatos y encabezaban colectas navideñas.
Incluso el presbiterio de la parroquia San Juan Crisóstomo, de la Iglesia Católica en Zapopan, Jalisco, aseguró que los hermanos Jessica y Rubén provienen de una familia católica que lee las Sagradas Escrituras.
En este reportaje se omiten los nombres de quienes enviaron las misivas para no exponerlos, aunque las cartas se encuentran en expedientes judiciales públicos.
Un cálculo realizado con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial muestra que los familiares del Mencho pudieron comprar Chedraui o la empresa de infraestructura de Grupo Carso, el corporativo de Carlos Slim Helú, el empresario más rico de México.
Cartas desesperadas: suplican perdón
De Rubén Oseguera González se dice que ordenó más de un centenar de asesinatos. Los fiscales lo describieron como un asesino serial, frío y calculador, que ascendió en la estructura del cártel desde adolescente hasta convertirse en el segundo al mando, coordinando el envío de toneladas de cocaína y metanfetamina a Estados Unidos.
Fue detenido por primera vez en 2015 en Zapopan, Jalisco, con un arsenal que incluía armamento de uso exclusivo del Ejército. Fue extraditado en 2020 y acusado de conspiración para distribuir narcóticos y uso ilegal de armas.
El Menchito no necesitaba una razón de peso para matar. Lo demostró en una boda en Villa Purificación, Jalisco: le pidió a su chofer que estacionara el coche y, al ver que tardó más de lo que quería, desenfundó la pistola y le disparó en la cabeza frente a los invitados. La historia la contó en el juicio federal en Washington el propio novio de esa noche, Herminio Gómez Ancira, quien pasó de ser sicario del CJNG a jefe de policía municipal.
Ese mismo testigo declaró que El Menchito degolló en 2015 a cinco hombres que le debían dinero por drogas y que, al terminar, pidió una camisa limpia porque había manchado la suya con sangre. A otras víctimas las disolvió en ácido.
A pesar de todo esto, logró reunir una decena de cartas de familiares e integrantes de la comunidad jalisciense que aseguraban que era un hombre honesto y arrepentido. Un sacerdote de Zapopan escribió:
“Por medio de cartas y llamadas telefónicas he estado en contacto con él. Ha reflexionado mucho sobre su futuro, ha leído las Sagradas Escrituras. Cuando algún texto toca su corazón compartimos sobre el mismo. A pesar de los errores que pudiera haber cometido, es un hombre que ha sido tocado por la misericordia de Dios”.
Lo describieron también como “promotor de la devoción a San Judas Tadeo”. Su esposa escribió que esperaba que se pudieran esclarecer sus acciones y que injustamente le habían privado de la libertad. La abuela materna pidió que no se le juzgara por los delitos de su padre:
“Él no escogió al papá que le tocó”.
La carta más desgarradora fue la de su hijo menor, escrita con letra de niño, casi garabatos, que contaba que no había podido convivir con su padre y que uno de sus momentos más íntimos había sido cuando pudo jugar con la tapa de un vaso durante una visita en prisión.
El año pasado, la jueza Beryl Howell lo sentenció a cadena perpetua más 30 años sin posibilidad de libertad condicional.
La hermana mayor, Jessica Johanna Oseguera González, La Negra, también entregó decenas de cartas. Su rol en el CJNG era más sofisticado que el de su hermano: era la arquitecta financiera del cártel. Estudió Mercadotecnia en el ITESO de Guadalajara y desde 2009 comenzó a registrar empresas ante la Secretaría de Economía.
Lo que construyó durante la siguiente década fue un entramado de seis compañías en Jalisco que operaban como fachada para lavar el dinero del cártel de su padre.
Sus cartas vinieron de la chica que le hacía las uñas, de una nutrióloga, de amigos, de meseros que en algún momento le sirvieron.
“Cuando llegaba al restaurante irradiaba felicidad y siempre se sentía un ambiente de paz, confianza y tranquilidad cuando convivías y platicabas con ella”, escribió uno.
Una dentista contó que “su principal valor y principio es la crianza fundamentada con amor, disciplina y respeto. Es totalmente entregada, estricta y presente en la educación y el bienestar de sus hijos”.
“Por eso le ruego, con humildad, que pueda tener compasión”
Incluso su madre, Rosalinda González Valencia, quien ha sido detenida en varias ocasiones en México por lavado de dinero y delincuencia organizada, escribió que siempre trabajó para sacar adelante a sus hijos, que no pudo estudiar porque tuvo que trabajar desde los 14 años en Estados Unidos en labores del campo, en empacadoras, limpiando casas, cuidando niños y en restaurantes.
“Recuerdo que una Navidad Jessica encabezó una colecta entre sus amigos para comprar bicicletas y juguetes para los niños de un vecindario empobrecido. Fue muy emotivo ver las caras felices de los niños, que decían que nunca se hubieran imaginado recibir un regalo esa fecha”, escribió la madre.
Un sacerdote de Guadalajara la describió como una mujer muy filantrópica que participaba en grupos de estudio de la palabra de Dios. La jueza Howell la sentenció en junio de 2021 a 30 meses de prisión, la pena máxima que el cargo permitía. Salió libre en marzo de 2022, un mes antes de lo previsto.
Otro caso es el de Cristian Fernando Gutiérrez Ochoa, El Guacho, pareja de Laisha Michelle Oseguera González, la hija menor del Mencho, nacida en 2001 y con ciudadanía estadunidense.
Según documentos judiciales, desde 2014 coordinó personalmente el transporte y distribución de 40 mil kilogramos de metanfetamina y 2 mil kilogramos de cocaína desde México hacia Estados Unidos.
Su caída comenzó en noviembre de 2021, cuando las autoridades mexicanas lo señalaron como organizador del secuestro de dos agentes de la Marina en Zapopan, perpetrado para negociar la liberación de su suegra Rosalinda González Valencia, detenida días antes. Cuando los marinos aparecieron vivos, la pareja era ya objetivo de la Interpol.
Fue entonces cuando El Mencho ejecutó uno de los movimientos más insólitos documentados en el juicio: según una fuente confidencial de la agencia antinarcóticos estadunidense, la DEA, declarada ante el tribunal, el propio capo difundió entre sus socios que había mandado matar a su yerno por mentiroso, fingiendo su muerte para que El Guacho y Laisha cruzaran la frontera sin que nadie los buscara vivos.
Del otro lado construyeron una vida calculada. El Guacho asumió la identidad falsa de Luis Miguel Martínez. Una tequilera de Jalisco llamada Pasión Azul, identificada como empresa fachada del CJNG, compró una mansión en Riverside, California, por 1.2 millones de dólares. Ahí vivían los dos, con autos de lujo, joyas y 2.2 millones de dólares en efectivo, cuando los agentes federales tocaron la puerta el 19 de noviembre de 2024.
Para él llegaron 42 páginas de cartas desde Jalisco. Una de sus hermanas contó que cuando tenían apenas nueve años tenían que salir a vender aguacates. Excompañeros del futbol aseguraron que es el tipo de persona que “te extiende la mano”.
Un amigo escribió: “Desde que fue privado de su libertad, un tiempo que ha significado una prueba enorme para él y para su familia, considero que este periodo ha sido suficiente para reflexionar, crecer y valorar aún más la importancia de la libertad y de los seres queridos. Fernando siempre habló con cariño de su familia. Por eso le ruego, con humildad y profunda sinceridad, que pueda tener compasión y ver en él al ser humano que muchos llegamos a conocer antes de estos hechos”.
La jueza Howell lo condenó el 18 de diciembre de 2025 a 11 años y ocho meses, más tres años de libertad supervisada.
Dinero entregado alcanza para comprar mil 500 mansiones
La familia del Mencho también llegó a acuerdos de culpabilidad y juicios en los que cada familiar tuvo que reconocer formalmente, ante un tribunal federal, cuánto dinero generó el CJNG y cuánto estaban dispuestos a entregar.
Al Menchito se le ordenó el decomiso más alto jamás ordenado contra un miembro de un cártel mexicano en una corte estadounidense: 6 mil 26 millones de dólares. La fiscalía argumentó que esa cifra representaba la mitad de las ganancias totales atribuidas al CJNG bajo su operación.
La jueza Howell, al dictar la cadena perpetua más 30 años, dejó en el registro que “el volumen de drogas que manejó sacude la mente”. Las cartas del sacerdote de Zapopan no movieron ni un año de la sentencia. Hasta la fecha no se conoce un recibo que demuestre la entrega de esta cantidad de dinero.
La Negra, con su condena de 30 meses, aceptó un decomiso de 10 millones de dólares, cifra que refleja apenas una fracción de lo que pasaba por las seis empresas fachada que administraba.
En el caso de los cuñados, los hermanos González Valencia —que fundaron Los Cuinis—, como el brazo financiero del CJNG, los decomisos también son reveladores. Gerardo González Valencia, El Lalo, aceptó ceder 250 millones de dólares además de recibir cadena perpetua en julio de 2023. Su hermano José González Valencia, El Chepa, pactó pagar 10 millones de dólares con su sentencia de 30 años en junio de 2025.
El Guacho negoció de manera distinta. Con los cargos originales de narcotráfico encima, que podían llevarlo a cadena perpetua, logró que la fiscalía lo declarara culpable únicamente de lavado de recursos. El decomiso fue de 3 millones 400 mil dólares; también prometió entregar la mansión de Riverside, dinero en efectivo, autos y joyas.
En total, sumando los decomisos formalmente aceptados en acuerdos de culpabilidad y sentencias judiciales, los familiares del Mencho han tenido que reconocer ante cortes federales estadunidenses que entregaron al Tío Sam 6.3 mil millones de dólares (unos 102 mil millones de pesos), una cantidad que alcanzaría para comprar alrededor de mil 500 mansiones (70 mdp por vivienda de alto costo) en colonias como San Pedro Gaza García, Monterrey; Lomas de Chapultepec, Ciudad de México o Puerta de Hierro, en Zapopan.
Y esa suma todavía no es definitiva: el caso de Abigael González Valencia, El Cuini, el cuñado fundador de Los Cuinis, sigue activo con 76 mil documentos de evidencia presentados por la fiscalía, y el acusado se declaró no culpable en agosto de 2025. Cuando ese proceso concluya, el número crecerá.
MD