¿Cuál es el futuro para la industria de defensa en EU?

Este sector no está preparado para el siglo XXI, como lo demuestran la escasez de municiones, los sobrecostos presupuestarios y los cuellos de botella marítimos que no se pueden controlar

El uso de la tecnología, que incluye IA y drones, ha cambiado de forma fundamental la naturaleza de la guerra. AFP
Rana Foroohar
Nueva York /

Laindustria de defensa , considerada desde hace mucho tiempo una inversión rentable, en los últimos años se ha convertido en una apuesta por el crecimiento. Los conflictos globales van en aumento, y la tecnología —desde la inteligencia artificial (IA) y los drones de bajo costo hasta los sensores, la robótica y los sistemas no tripuladosestá cambiando de forma fundamental la naturaleza de la guerra. Esto conduce a un auge de la inversión. Pero, ¿llevará a mejores resultados en materia de seguridad nacional? La respuesta depende de si las fuerzas militares pueden aprovechar las tres D de la defensa moderna: disrupción, doble uso y descentralización.

La inversión en ETF (fondos cotizados en bolsa) de defensa y aeroespaciales de Estados Unidos alcanzó un récord mensual en marzo (con un aumento interanual de 573 por ciento a finales del tercer trimestre de 2025). La mayor parte de ese dinero se sigue destinando a las grandes firmas tradicionales de la industria de defensa, como Lockheed Martin, General Dynamics, RTX, Northrop Grumman y un puñado de grandes compañías aeroespaciales que controlan la base industrial de defensa desde hace décadas. Pero el crecimiento gradual, junto con la mayor parte del entusiasmo, se centra en la siguiente generación de empresas de tecnología de defensa, como Anduril Industries, un grupo de propiedad privada que ya duplicó su valor.

Su auge se basa en la idea de que la guerra, al igual que el mundo mismo, se está volviendo más digital y descentralizada. El conflicto es asimétrico: naciones más pequeñas como Ucrania o Irán ahora pueden competir con las potencias dominantes aprovechando la tecnología barata. Mientras, la necesidad de mayor velocidad, resiliencia y redundancia en las cadenas de suministro traslada la producción de todo tipo de cosas, desde drones hasta la ubicación de centros de datos de IA, más cerca de casa. La desvinculación de las plataformas tecnológicas estadunidenses y chinas crea oportunidades para las startups en ambos países, a medida que el antiguo modelo de defensa, altamente globalizado y concentrado, se transforma.

Pero los beneficios en materia de seguridad de los sistemas de defensa del siglo XXI dependen de la capacidad de un país para integrar nuevas tecnologías y nuevas formas de hacer las cosas en las instituciones y los modelos de adquisición existentes. Mientras las empresas estadunidenses avanzan a pasos agigantados en la innovación tecnológica de defensa, el propio gobierno todavía tiene dificultades para adaptarse. El complejo industrial militar estadunidense no está preparado para el siglo XXI, como lo demuestran la escasez de municiones, los sobrecostos presupuestarios, los cuellos de botella marítimos que no se pueden controlar y los adversarios a los que no se les puede derrotar utilizando sólo el armamento más costoso.

El modelo estadunidense se ha caracterizado por su alta concentración y centralización: grandes compañías que fabrican equipos de gran tamaño diseñados para usos específicos. Sin embargo, cada vez hay más señales de que el Departamento de Defensa intenta adaptarse. Un ejemplo de esto es el plan de construcción naval de la Marina que se presentó la semana pasada, que se centra mucho más que antes en la velocidad, la flexibilidad y la tecnología adaptable a múltiples usos. “Las plataformas de alta gama siguen siendo esenciales, pero deben complementarse con sistemas que puedan producirse en masa y adaptarse en tiempo real”, se indica en el plan, con la producción distribuida “entre varios astilleros y proveedores”.

Hasta ahora, sólo son palabras, pero en el lento mundo de las fuerzas armadas estadunidenses, incluso un cambio de discurso es importante. Lo mismo ocurre con el enfoque, sobre todo bajo la administración Trump, en incorporar impulsos comerciales al ámbito militar. Como me comentó hace unas semanas Jerry Hendrix, el responsable de la construcción naval en la Oficina de Administración y Presupuesto, la nueva estrategia busca conectar la producción comercial y militar y colaborar con aliados para construir en varios astilleros. Cita el “modelo finlandés”, en el que EU construye buques rompehielos árticos tanto en territorio estadunidense como en Finlandia, como ejemplo de cómo pueden gastarse los 65 mil 800 millones de dólares en nuevo financiamiento para la construcción naval solicitada por el presidente.

Construir de forma descentralizada y simplificar los trámites burocráticos tradicionales para colaborar con aliados, creando múltiples nodos de producción, es una buena idea. Pero en un mundo de guerra con drones, casi cualquier cosa visible es un blanco. Esto exige nuevas formas de concebir todo, desde municiones hasta buques y sistemas alimentarios, ya que todos ellos pueden ser atacados con mucha más precisión que antes.

En ese sentido, me interesó leer sobre un contrato de 9 millones de dólares otorgado por el Ejército de EU a Biosphere, una empresa que desarrolla un “sistema portátil de biofabricación” capaz de producir raciones de alimentos a base de proteínas para las tropas utilizando sólo aire, agua y energía eléctrica. La idea es crear un modelo de producción altamente distribuido en el que las raciones puedan elaborarse en cualquier lugar de forma inmediata. En 2021 escribí sobre la bióloga Molly Jahn, de la Universidad de Wisconsin, quien ha trabajado en una tecnología similar de “producción de alimentos a partir del aire” en Darpa, la división de innovación del Pentágono. En ese entonces, era ficción; en la actualidad, la tecnología es comercialmente viable.

Hablé hace poco con Jahn, quien cree que no sólo los alimentos, sino todo tipo de suministros militares, pueden eventualmente crearse a escala hiperlocal utilizando tecnologías de vanguardia. Se refiere al libro de Thomas Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas, como una referencia fundamental para reflexionar sobre los cambios tecnológicos y geopolíticos que estamos viviendo. “Estamos dejando atrás la etapa de lo ‘ordinario’ y entrando en una etapa de lo ‘extraordinario’” que provocará una revolución no sólo en la defensa, sino en la mayoría de los sectores”, argumenta. Estos periodos suelen ser increíblemente disruptivos. Y rentables.


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