La guerra contra Irán y su lección sobre resiliencia

Un alto el fuego es plausible a corto plazo, impulsado por la inquietud de Trump por los precios del petróleo; otro escenario es un conflicto de menor intensidad por la escasez de armamento de Teherán

Inspecciones en las ruinas de una comisaría de policía de Teherán que recibió ataques a inicios de semana. VAHID SALEMI/AP
Martin Wolf
Londres /

¿La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán terminará pronto? Es necesario responder a esta pregunta para abordar sus posibles consecuencias económicas. Pero esto depende de las respuestas a otras dos preguntas. ¿Se aplica aquí el término TACO (Trump Always Chickens Out o Trum siempre se echa para atrás) de Robert Armstrong? Y, en segundo lugar, ¿el fin de la guerra para Trump también significa que termina para Irán, Israel o ambos? Si estos dos combatientes, para los que la lucha es existencial, continúan en pie de guerra, la carnicería en el Golfo también puede continuar.

Parte de la dificultad radica en que es imposible saber qué quiere Trump. Tal vez él mismo no lo tenga claro. Por eso declaró en una rueda de prensa que la guerra terminará “muy pronto”, pero no esta semana; sin embargo, dos días antes, escribió en Truth Social: “¡No habrá acuerdo con Irán, con la excepción de una rendición incondicional! Después de eso, y luego de la elección de un líder grande y aceptable, nosotros, junto con muchos de nuestros maravillosos y valientes aliados y socios, trabajaremos incansablemente para rescatar a Irán del borde de la destrucción”.

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán respondió a Trump que ellos “son quienes determinarán el fin de la guerra”, añadiendo que Teherán no permitirá a exportación de “un solo litro de petróleo” de la región si continuaban los ataques estadunidenses e israelíes”. La elección de Mojtaba Jameneí, quien acaba de perder a gran parte de su familia, como sucesor de su padre, subraya esta obstinación. Parece más bien que Irán está decidido a obtener la victoria, no la rendición incondicional, que en cualquier caso es muy poco probable que se produzca después de una campaña aérea convencional. Después de más de dos años de bombardeos israelíes, Hamás no se ha rendido incondicionalmente. Irán seguro que no lo hará. Eso requerirá el uso de armas nucleares. ¿Trump está tan loco como para considerar eso?

Un cese de las hostilidades activas parece mucho más verosímil. Estados Unidos puede creer que causó suficiente daño y detener sus ataques. Irán, maltrecho y herido, puede dejar de atacar a sus vecinos. Trump puede obligar a Israel a detener sus ataques aunque el régimen iraní sobreviva. Esto no es paz, sino un alto el fuego (tal vez temporal). En resumen, un alto el fuego, no la paz, parece un resultado plausible a corto plazo, impulsado en gran medida por la preocupación de Trump por los precios del petróleo. Otro resultado puede ser la continuación de la guerra, pero con menor intensidad, debido a la escasez de armamento de Irán. Los barcos pueden incluso volver a navegar por el estrecho de Ormuz.

¿Qué significará todo esto para la economía mundial? Eso depende de lo que ocurra con los envíos de gas y petróleo de la región y de la magnitud de los daños a largo plazo a las instalaciones de gas y petróleo.

Capital Economics considera tres escenarios. El primero es un conflicto breve e intenso, de alrededor de dos semanas. Se estima una pérdida de alrededor de 1.4 por ciento de las exportaciones anuales mundiales de petróleo y una proporción similar de las exportaciones de gas natural licuado. El segundo es un conflicto que dura tres meses, pero con daños limitados a largo plazo en las instalaciones. Se estima una pérdida de 5 a 6 por ciento de las exportaciones mundiales de crudo y gas en 2026. El tercero también dura tres meses, pero con daños de mayor duración, en particular en la isla iraní de Kharg. Se estima una pérdida de 8 a 9 por ciento de las exportaciones globales de crudo y gas, con impacto hasta 2027. Los precios del petróleo pueden alcanzar 150 dólares por barril y los del gas en la Unión Europea (por megavatio hora) 120 euros. La única crisis de suministro global comparable a esta última posibilidad se produjo entre finales de la década de 1970 y mediados de los 80.

Una guerra prolongada y destructiva tendrá efectos considerables en el nivel de precios y la economía. En los países pobres el impacto puede ser grave. En Occidente, donde la asequibilidad es un problema político, un aumento repentino de los costos de la energía será impopular.

El crecimiento se verá afectado. Pero, por las razones que Paul Krugman explica para EU, incluso el peor escenario no será ni de lejos tan perjudicial como la crisis de finales de la década de 1970. Una razón es que nuestras economías se han vuelto menos intensivas en el uso del petróleo desde entonces. Como señaló Martin Sandbu, Europa también demostró ser mucho más capaz de adaptarse a precios del gas más altos de lo que se temía cuando comenzó la guerra de Ucrania. Otra razón es que los bancos centrales lograron un mejor control de las expectativas de inflación desde que aprendieron las lecciones de la década de 1970.

¿Cuáles son las lecciones económicas más específicas de esta crisis? La primera es que necesitamos reducir nuestra vulnerabilidad a las perturbaciones en la disponibilidad de combustibles fósiles. Para EU, el efecto neto de los grandes aumentos en los precios sobre los ingresos reales agregados es positivo porque es un exportador neto, aunque los efectos distributivos son negativos. Pero ocurre lo contrario para casi todos los demás países industriales. Su necesidad de invertir en energías renovables para reducir la vulnerabilidad es evidente.

La segunda es que los bancos centrales garanticen que las expectativas de inflación no se desanclen. Por desgracia, el aumento repentino de precios luego de la pandemia aumenta la probabilidad de que esto ocurra. Los bancos centrales deben estar preparados para actuar contra los efectos secundarios de los grandes aumentos de precios.

La última lección es que subsidiar los costos de la energía cada vez que los precios suben es inasequible. El apoyo debe dirigirse a los más afectados.

Sin embargo, la lección más importante de todas es la más obvia. Sí, un alto el fuego temprano parece plausible, lo que limitará los daños. Pero tal resultado está lejos de ser inevitable. Hemos visto a EU en repetidas ocasiones iniciar guerras por impulso, pero terminar en desastres prolongados y, en última instancia, catastróficos. Harold Wilson mantuvo a Reino Unido fuera de la tragedia de Vietnam. Dado el inicio impulsivo de esta lucha, Keir Starmer tuvo razón al intentar lo mismo.

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