Política exterior, un pilar para temas internos en EU

Los progresistas se quejan de los aranceles de Trump, las reducciones de impuestos para ricos y las guerras sin ganar; otra cuestión es si el Partido Demócrata volverá al centrismo o si optará por el populismo

Cartel de una gasolinera Chevron en Austin, Texas, Estados Unidos. Octubre de 2023. Foto: Reuters
Rana Foroohar
Nueva York /
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Los temas de política exterior no suelen ser la prioridad para los votantes en las elecciones de mitad de mandato. Pero esta vez es diferente. El costo de vida y la inflación comparten el primer puesto entre las preocupaciones de los estadunidenses. La guerra contra Irán ocupa el tercer lugar en una encuesta clave, por delante de la atención de salud, la creciente deuda federal o la inmigración. Los votantes establecieron una conexión entre los fracasos del presidente Donald Trump en Medio Oriente y los precios que pagan por el combustible.

La inflación en la energía es un problema urgente en estados clave y disputados como Iowa, Alaska, Texas, Maine y Ohio, donde la población destina una proporción mayor de sus ingresos netos a gastos como gasolina, combustible para calefacción y recibos de electricidad. Esto brinda una gran oportunidad a los demócratas, que insisten en la relación entre la asequibilidad y la guerra; sin embargo, también plantea un nuevo reto. Si se produce una ola azul en las elecciones de mitad de mandato, y tal vez incluso la llegada de un presidente progresista en 2028, ¿qué aspecto debe tener una política exterior demócrata?

Se trata de una cuestión existencial para los progresistas, que toca temas más amplios sobre qué representa el Partido Demócrata tras la irrupción del movimiento MAGA. Los progresistas critican, con razón, las incoherentes políticas arancelarias de Trump, los recortes de impuestos para ricos y empresas, y las guerras imposibles de ganar. Pero sus propias propuestas son menos claras. Existe un debate sobre si el partido volverá a girar hacia el centrismo de la era de Obama y Clinton en respuesta al movimiento MAGA, o si se inclinará por la ruta más populista y de izquierda trazada por el ala de Bernie Sanders y Elizabeth Warren; una vía que puede triunfar en elecciones centradas en el costo de vida.

En cuanto a cómo abordar la relación con el resto del mundo, esto plantea una encrucijada. Con demasiada frecuencia, la política exterior ha sido un proyecto de las élites en Estados Unidos. Los responsables de las políticas suelen ser globalistas que conocen bien el mundo, pero que saben menos sobre cómo vender acuerdos de libre comercio, normas de inmigración o alianzas de seguridad (y sus costos) a los votantes nacionales. La administración Biden comenzó a conectar algunos de estos puntos con conversaciones incipientes sobre el friendshoring, término que la exsecretaria del Tesoro Janet Yellen utilizó por primera vez conmigo en un evento del Atlantic Council en 2022, y declaraciones del asesor de seguridad nacional, Jake Sullivan, sobre el fin del consenso neoliberal al año siguiente. Sin embargo, históricamente, se requiere más de una administración para lograr un cambio significativo en las políticas.

Hoy se desarrolla un intenso debate sobre cómo deben interactuar los liberales con otros países. Es urgente encontrar respuestas, dado que la política exterior se ha convertido en una pieza clave para muchas cuestiones internas. El destino de los mercados de bonos depende de si los acreedores extranjeros seguirán comprando letras del Tesoro estadunidense (T-Bills). La capacidad del país para mantener su competitividad frente a China en sectores como vehículos eléctricos dependerá de los acuerdos para el suministro de minerales de tierras raras con sus aliados, así como de la adopción de estándares y cadenas de suministro compartidos con otras naciones. Las firmas de tecnología de EU que deseen acceder a los mercados europeos tendrán que adaptarse a las exigencias de Bruselas. A medida que la Pax Americana se desvanece, los responsables de las políticas (y los votantes) de EU deberán prestar mucha más atención al resto del mundo y a cómo relacionarse con él, tal como hacen otros países.

La cuestión clave será, como siempre, China. Algunos demócratas de centro aún imaginan que es posible retroceder en el tiempo hasta la década de 2000 y fingir que los últimos diez años de políticas arancelarias más agresivas nunca ocurrió. Pero, si bien la opinión de los votantes sobre China se ha suavizado en los últimos años, el porcentaje de estadunidenses que desconfían de Pekín duplica al de hace dos décadas (71 por ciento en marzo de 2026 frente a 35 por ciento en marzo de 2005, de acuerdo con Pew). Es posible que Trump termine siendo el presidente con una menor postura de línea dura con China de nuestra era.

Los demócratas (y republicanos) sensatos saben que EU no puede actuar por su cuenta. Kurt Campbell y Rush Doshi, exfuncionarios de la administración Biden, han escrito artículos argumentando que una futura administración demócrata podrá forjar nuevas alianzas con antiguos aliados en un mundo posneoliberal. Abogan por una diplomacia industrial y tecnológica basada en la creación de cadenas de suministro compartidas y en el desarrollo de capacidades en sectores clave (como vehículos eléctricos) junto a los aliados de EU (Unión Europea, Canadá, México, Corea del Sur y Japón). Dado que Francia y Alemania defienden una mayor actuación de la Unión Europea frente a las prácticas comerciales desleales de China, y que Japón, Corea del Sur y otras naciones asiáticas están ansiosas por forjar nuevas alianzas, es un momento oportuno para reflexionar sobre cómo puede configurarse el nuevo orden comercial mundial.

La idea de centrarse en la economía en lugar de en la cultura al abordar la política exterior es una estrategia sensata, sobre todo cuando aspirantes republicanos a la presidencia, como Marco Rubio, pronuncian discursos xenófobos sobre los “vínculos civilizatorios” con Europa, a pesar de que tanto EU como Europa necesitan atraer más migrantes para impulsar el crecimiento. Sin embargo, esto obligará a los sectores progresistas a tomar decisiones difíciles respecto a la aceptación de fondos de grandes donantes, como las compañías de tecnología, las cuales se opondrán a una regulación más estricta de la IA, medida que cuenta con el respaldo de los votantes.

Los responsables políticos demócratas deben resistir esa presión. La política exterior ya no puede ser un proyecto exclusivo de las élites; debe centrarse en los problemas comunes que enfrentan los trabajadores, tanto en el país como en el extranjero.


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