Mucho agradecemos las clases de la científica al enseñarnos “que sólo hay energía solar cuando sale el Sol” o que “si consumimos menos electricidad, pues pagaremos menos” o que “patria se escribe con A de mujer”; lo intolerable es que exonere de toda culpa a los mafiosos de su partido y de su gobierno, y que condene, sin pruebas, a sus adversarios y disidentes. Con ello incurre en conflicto de interés y tráfico de influencias, viola la ley, falsifica la justicia y genera impunidad.
No tiene atribuciones como titular del Poder Ejecutivo federal para inmiscuirse en lo que solamente corresponde a ministerios públicos, jueces y personas directamente involucradas. Además, de su probada incompetencia y sus mentiras en retahíla se desprenden muchos daños y perjuicios desastrosos en agravio de la nación.
Siendo tantos los casos a que me refiero, expongo solamente uno en vía de ejemplo:
La científica dice que no hay motivo para investigar al exsecretario de Marina Rafael Ojeda respecto del saqueo más grande cometido a las arcas públicas: el llamado huachicol fiscal por más de 600 mil millones de pesos, que se ha encubierto con varios asesinatos de por medio para impedir la recuperación del quebranto y proteger a empresarios, políticos y gobernantes que se hallan en la cúspide del obradorato.
¿Por qué exoneró a priori al aludido exfuncionario de un delito en el que estuvieron y están coludidos marinos, y que se usaron enormes embarcaciones? Más aún: se ha difundido un audio en el que uno de los asesinados, el contraalmirante Fernando Rubén Guerrero, le informó al entonces secretario de Marina y al actual, Raymundo Pedro Morales, la existencia de ese gigantesco atraco a la nación. El zafio argumento de Sheinbaum fue que “si el exsecretario Ojeda es quien denunció ese delito, no hay por qué investigarlo”. Tal alegato es mentiroso y tonto: primero, no existe en la fiscalía denuncia alguna firmada por el referido exfuncionario; segundo, no escapa a la reflexión de cualquier persona con unas pocas neuronas que, frecuentemente, los criminales denuncian los hechos en que están involucrados, tratando de impedir que los indaguen y sean castigados.
Si a ese suceso y otros más añadimos su afirmación de que “no hay pruebas que involucren a Rocha Moya y coimputados en delito alguno, por lo que no se justifican sus extradiciones”, a nadie extrañarán las sanciones que Trump imponga a México.
En síntesis: No tenemos a una auténtica presidente de la República sino a una furiosa abogada de narcopolíticos que la encumbraron y sostienen donde está. Lo más grave es que esa mafia en su derrumbe se está llevando entre sus patas a 130 millones de seres humanos.
Lo reitero: si nos unimos para enfrentar tanta maldad, levantamos la voz y votamos en conciencia saldremos de este infierno.