M+.– La sombra que durante años ha perseguido a Rubén Rocha Moya se transformó, finalmente, en una acusación en tribunales de Estados Unidos: el gobernador de Sinaloa ha sido señalado este miércoles con la tinta indeleble de una corte neoyorquina de dar protección a Los Chapitos para el trasiego de drogas hacia Estados Unidos, y de intimidar a sus rivales, a cambio de apoyos electorales. No hay agua en el Pacífico mexicano capaz de borrar semejante imputación.
Es el fin político de quien fuera un maestro querido, académico respetado y político de izquierda. El hombre que, según sus simpatizantes, había logrado salir intacto de su cuna, Badiraguato, estigmatizada por ser el lugar de nacimiento de poderosos narcotraficantes, para convertirse en un hombre de leyes que escaló hasta ser rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, luego senador y gobernador.
Hoy su imagen está rayada para siempre, sea cual sea el resultado del proceso judicial a cargo del juez Jay Clayton: su biografía siempre sugerirá que aunque logró salir de Badiraguato, Badiraguato nunca salió de él.
Aunque se trata de una noticia que impacta al país —apenas hace seis días se reunió con el Embajador de EU, Ronald Johnson—, no es una sorpresa para políticos locales y periodistas: la sombra que hoy envuelve al morenista comenzó a formarse cerca del 2017, cuando se le nombró Coordinador Estatal de Morena en Sinaloa y un año más tarde ganó la elección federal como senador de la República.
Desde entonces, se rumoraba que no había forma de ganar ese escaño, excepto pactando con el Cártel de Sinaloa, un movimiento que él supuestamente confirmaba en conversaciones privadas. Un mal necesario, repetía, según sus allegados. Nunca se pudo comprobar en la prensa local, pero el nubarrón comenzó a consolidarse a su alrededor.
Luego, vino la petición de licencia para competir por la gubernatura en 2021. El murmullo creció: que Rubén Rocha Moya había pactado con El Mayo Zambada y que también se juntaba con Los Chapitos, facciones que aún no se enfrentaban. Tampoco se confirmó oficialmente, pero los resultados avivaron la preocupación de que México tuviera un gobernador ungido con la sangre de la guerra contra el narco: Morena ganó con un excepcional 56.6% de los votos y la oposición cosechó apenas 32.4%.
La sombra se ennegreció el 25 de julio de 2024: El Mayo fue traicionado por Los Chapitos y entregado a Estados Unidos. Desde la cárcel, el capo septuagenario pidió a sus abogados que publicaran una carta demoledora: acusaba al gobernador Rubén Rocha de estar citado a la emboscada, lo que sugería su participación y acuerdo en el plan. El morenista habría traicionado al cártel tomando el bando de los hijos del Chapo Guzmán.
La carta era verosímil: acusaba que otro citado, el exrector Héctor Melesio Cuén, había sido asesinado durante la traición. Antes, la fiscalía estatal había dicho que el homicidio había sido resultado de un robo fallido a kilómetros de la escena del crimen. El tiempo le dio la razón al Mayo, la fiscal renunció acusada de armar un montaje y desde entonces la legitimidad del gobierno de Sinaloa quedó en las sombras.
El periodismo sinaloense hizo lo suyo. Revivió historias pasadas e investigó tramas actuales. Los colegas se jugaron la vida intentando explicarse, y explicarnos, la nueva ola de violencia: todos los caminos conducían a los pactos políticos con el crimen organizado.
Vinieron las detenciones de capos en Sinaloa, sus traslados a Estados Unidos, sus acuerdos de cooperación, sus tratos con la DEA aprobados por la Casa Blanca. Sálvese quien quiera y deba. El cajón de los secretos se abrió del otro lado de la frontera. Mientras tanto, la nube ya era diluvio bajo Rubén Rocha Moya, incapaz de parar la marea de la “guerra en Sinaloa”, que hoy todavía arrastra a familias de desaparecidos, asesinados, secuestrados, negocios quebrados.
El gobierno de Estados Unidos hoy sugiere que el gobernador que pedía paciencia a los sinaloenses para restablecer la paz nunca fue una esperanza, sino un engranaje del problema. Aliado de Los Chapitos, acusado, y pieza clave del crimen organizado. El hombre que se presentó como cambio verdadero es, al mismo tiempo, un objetivo prioritario para el gobierno de Estados Unidos y el más grande problema político, hasta ahora, de la presidenta Claudia Sheinbaum.
La sombra se formó desde hace años y nadie hizo nada. Hoy es su peor forma. Y las tormentas no pueden volver al cielo; sólo les queda caer estrepitosamente.