El desafío no es enseñar a leer, sino dejar de enseñar mal

Estado de México /

Si algo ha dejado claro el último informe del Banco Mundial titulado “Enseñanza eficaz de la lectura en países de ingresos bajos y medios: lo que muestra la evidencia” (2025) es que el problema de la lectura en los países en desarrollo es de recursos y de método; los 151 estudios realizados en 167 idiomas expuestos en este volumen recién publicado revelan una paradoja devastadora: que después de tres años de escolarización, más de 90% de infantes en países de ingresos bajos y medios no logra identificar letras ni leer palabras simples, porque en la escuela no se les enseña de forma eficaz.

El informe explica que, durante décadas, los sistemas educativos mantuvieron enfoques como el “lenguaje integral” o el de “palabra completa”, que asume que niñas y niños aprenden a leer de forma natural, rodeados de textos y contextos significativos estimulantes; sin embargo, la neurociencia ha demostrado exactamente lo contrario, según este informe: que el cerebro humano no está programado para leer, porque leer es un invento reciente (nació al mismo tiempo que la escritura sumeria, 3 mil 400 años a. C.) que obliga al cerebro a reciclarse y reaprovechar áreas originalmente dedicadas a otras funciones, es decir, requiere enseñanza explícita y sistemática, no mera exposición, y eso solo ocurre con enseñanza explícita, sistemática y completa.

El informe ofrece una hoja de ruta con los seis componentes básicos del método para facilitar el aprendizaje de la lectura: lenguaje oral, conciencia fonológica, fonética sistemática, fluidez, comprensión y escritura; estas seis áreas, enseñadas de forma directa y secuenciada, transforman por completo la capacidad lectora, como evidencian estudios recogidos en el África subsahariana, Asia, América Latina y Medio Oriente, en lenguas como español, suajili, hindi, árabe y docenas de idiomas más, en cuyo sistema de escritura existe una relación casi uno a uno entre las letras y los sonidos: “los idiomas con patrones ortográficos más consistentes […] requieren menos tiempo de enseñanza sobre las relaciones entre letras y sonidos que los idiomas con ortografía compleja e irregular (como el inglés y el francés)”.

Sin embargo, el verdadero desafío, de acuerdo con el informe, es la implementación. Los programas mejor diseñados fracasan si no se adaptan al contexto, y eso implica tres giros concretos:

1. La lengua de instrucción. Más de un tercio de los niños en estos países aprenden a leer en un idioma que no hablan en casa, lo cual multiplica su esfuerzo; en cambio, aprender a leer en lengua materna acelera todo el proceso; cuando no es posible, se requiere apoyo intensivo y prolongado en oralidad antes siquiera de empezar con las letras.

2. La formación docente. Se facilita enseñar fonética sistemática si el maestro la domina; los materiales de enseñanza deben ser fáciles de usar, y el desarrollo profesional del profesor debe ser continuo y basado en la práctica, no en talleres esporádicos, acompañado de supervisión y retroalimentación continua.

3. La rentabilidad. La enseñanza estructurada basada en este método es una de las intervenciones educativas más costo-efectivas, ya que reduce la repetición, el abandono y la necesidad de programas de recuperación posteriores; invertir en los primeros grados con método es, simplemente, más barato que fracasar.

El Banco Mundial considera que el cambio en la enseñanza de la lectura implica enfrentar inercias institucionales, formaciones docentes obsoletas y resistencias ideológicas, pero ofrece una evidencia difícil de ignorar, de ahí que no haya excusa para seguir enseñando como si la ciencia no existiera.

No obstante, desde el punto de vista del organismo, la mejora del proceso no requiere tecnología cara ni reformas estructurales infinitas, sino decisión política: dejar de enseñar como si leer fuera un don y empezar a enseñar como si leer fuera una técnica que debe explicarse paso a paso. Enseñar mal a leer no es una condena biológica ni un destino sellado, pero en sistemas educativos frágiles funciona como una condena social para la mayoría de infantes; actualizar los métodos de enseñanza, afirma el organismo, es la única puerta de entrada que tenemos para que lo extraordinario —un niño que aprende a leer cuando todo parece empujarlo al fracaso— deje de ser excepcional.


  • Porfirio Hernández
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