La jota que le sobró a Ayuso

Ciudad de México /

Estupenda mujer: elegida en 2019 como presidenta de la Comunidad de Madrid, implementó una política de bajos impuestos y apertura a las inversiones, logrando así que esa región autonómica lidere la economía nacional del Reino de España; le ha plantado valerosamente cara al supremo gobierno central del nefario Sánchez; ha promovido un discurso apuntalado en los valores de la democracia liberal y, pues sí, desembarcada la semana pasada en estos pagos, no se privó de hablar de las cosas como son y de denunciar los males del populismo socialista.

Ocurrió, sin embargo, que no dijo encontrarse en un país llamado México —provisto ese nombre, por las razones que fueren, de la equis griega que los frailes de la Península nos trajeron en su alfabeto evangelizador— sino en una comarca a la que muchos peninsulares contemporáneos (ya sin intención alguna de cristianizar, hay que decirlo) se siguen refiriendo como Méjico para dejar bien asentada, justamente, su condición de ibéricos debidamente alineados a la fonética obligatoria.

La visitante no solo se agenció así la animosidad de los rentistas del antiespañolismo, los resentidos de siempre, sino que nos metió ruido también a sus simpatizantes, porque enarbolar esa jota tan perfectamente superflua nos pareció un tanto altanero, sobre todo en estos tiempos de ejemplar globalización cultural.

Los jefes de redacción de algunos diarios españoles, acojonados por la belicosidad fascistoide de los ultranacionalistas regionales de allá, prescribieron a sus reporteros de turno que garrapatearan Catalunya, A Coruña y Donosti en lugar de escribir los topónimos en el buen castellano que hablan los hispanos monárquicos, a saber, Cataluña —con esa eñe tan nuestra que no la compartimos con ningún otro pueblo—, La Coruña y San Sebastián, si me hacen ustedes el favor.

Pero, qué caray, tratándose de México el tema parece que ya no va o, en todo caso, doña Isabel nos quiso dar a entender que el habla suya es fundamentalmente vernácula, nada de concedernos a los mexicanos la equis que ostenta el nombre de nuestra entrañable nación, sino de validar ella la jota que tan sonoramente certifica su estirpe española.

Por cierto, la diplomacia es el arte menor de no pisotear los callos de los de enfrente.

En fin, es una pena…


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite