• La cultura del agotamiento: cuando trabajar demasiado dejó de ser normal

  • En este capítulo de Realidades Milenio exploramos por qué el burnout se ha convertido en una de las mayores amenazas para la salud mental de los trabajadores y qué se puede hacer para prevenirlo.

Ciudad de México /
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Vivir cansado se ha convertido en una especie de requisito no escrito de la vida adulta. Responder correos fuera del horario laboral, trabajar jornadas cada vez más largas o sentir culpa por descansar son prácticas tan normalizadas que pocas veces se cuestionan. Sin embargo, detrás de ese desgaste cotidiano puede esconderse un problema mucho más serio: el burnout.

Reconocido por la Organización Mundial de la Salud como un síndrome derivado del estrés crónico en el trabajo, el burnout no es sinónimo de flojera ni de falta de compromiso. Se trata de un agotamiento físico, emocional y mental que aparece cuando las exigencias laborales superan, durante un periodo prolongado, la capacidad de recuperación de las personas.

En México, el fenómeno adquiere una dimensión particular. El país figura entre los que registran más horas trabajadas al año dentro de la OCDE, mientras millones de personas enfrentan largas jornadas, salarios insuficientes y una creciente dificultad para desconectarse del trabajo, incluso fuera de la oficina. Especialistas advierten que esta combinación favorece el aumento del estrés laboral y sus consecuencias en la salud.

Las secuelas pueden ir desde ansiedad, insomnio y problemas cardiovasculares hasta una disminución en la productividad y el deterioro de las relaciones personales. Además del impacto individual, el agotamiento laboral representa un costo económico para empresas y sistemas de salud debido al ausentismo y la rotación de personal.

Frente a este escenario, expertos coinciden en que la solución no depende únicamente del trabajador. La promoción de entornos laborales saludables, el derecho a la desconexión digital, esquemas de trabajo más flexibles y propuestas como la reducción de la jornada laboral forman parte del debate para atender un problema que ya trasciende el ámbito personal.

Más que una crisis de productividad, el burnout refleja un modelo de trabajo que, para muchos, ha comenzado a cobrar un costo demasiado alto.



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