• ¿Quién decide lo que pensamos? El algoritmo que educa sin que lo notes

  • En este capítulo de RealidadES Milenio exploramos cómo TikTok, Instagram y la inteligencia artificial están influyendo en lo que pensamos, deseamos y creemos, y por qué los algoritmos se han convertido en nuevos maestros sin que siempre lo notemos.

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Ciudad de México /
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La escuela ya no es la única que educa. Hoy, buena parte de lo que pensamos, deseamos y creemos también se construye frente a una pantalla.

TikTok, Instagram, influencers, podcasts y ahora la inteligencia artificial se han convertido en nuevas fuentes de información para millones de personas. El problema es que no siempre sabemos quién está detrás de aquello que consumimos.

Los algoritmos no necesariamente buscan mostrarnos lo más verdadero o importante, sino aquello que consigue mantener nuestra atención. Así, una persona puede comenzar viendo un video por entretenimiento y terminar recibiendo durante horas contenidos que refuerzan sus miedos, inseguridades o ideas previas.

A esto se suma el llamado sesgo de confirmación: tendemos a creer con mayor facilidad aquello que coincide con lo que ya pensamos. Y cuando esa información aparece una y otra vez, puede terminar pareciendo una verdad.

El fenómeno también alcanza a niños y adolescentes. Un informe de Common Sense Media citado en el proyecto advierte sobre el uso creciente de la inteligencia artificial entre menores de 9 a 17 años, incluso para pedir consejos relacionados con sentimientos, cuerpo, salud o problemas personales.

La preocupación no es únicamente que una IA pueda equivocarse, sino que una respuesta incorrecta puede sonar segura, clara y personalizada. La pregunta, entonces, ya no es solamente quién nos enseña, sino quién decide qué vemos, qué repetimos y qué terminamos creyendo.

La escuela, la familia y los medios siguen educando, pero ahora comparten ese espacio con algoritmos, creadores de contenido y sistemas de inteligencia artificial. En una época de información prácticamente ilimitada, el reto no es saber más, sino aprender a distinguir qué merece nuestra confianza

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