Abelardo López dibuja "Vereda tropical" en El Arte de la Canción

Colección Milenio Arte

En 1938, Gonzalo Curiel compuso Vereda tropical, estaba enamorado, esa bahía es para enamorarse. El maestro Abelardo López dibuja una vereda de cactus, biznagas, en la Reserva de la Biósfera entre Oaxaca y Puebla, un sitio de mágica belleza, de vida

Avelina Lésper

VEREDA TROPICAL

En 1938, Gonzalo Curiel compuso Vereda tropical, estaba enamorado, esa bahía es para enamorarse. El maestro Abelardo López dibuja una vereda de cactus, biznagas, en la Reserva de la Biósfera entre Oaxaca y Puebla, un sitio de mágica belleza, de vida generosa y vibrante.

La canción fue llevada al cine en la película Hombres de amor, dirigida por Chano Urueta, con Arturo de Córdova. Abelardo realiza una Vereda tropical y un camino misterioso: “Es la Reserva de la Biósfera, en Cuicatlán-Tehuacán. Al norte de Oaxaca, en la colindancia de la Mixteca poblana y la Mixteca oaxaqueña. La Reserva tiene unos lugares extraordinarios de belleza natural poblada de cactus, de todo tipo de biznagas, nopales y de plantas endémicas. Lo tropical no necesariamente es una selva, para mí esta abundancia de agua atrapada en cactus. La canción está muy muy de la mano con este paisaje que me gusta mucho; me inspiró la idea de hacer esta vista, que ya tengo caminada hasta con los ojos cerrados. Mi vereda tropical es de espinas, es de cactus”.

El dibujo está realizado con gran detalle y recuerda los dibujos de los investigadores botánicos del siglo XVIII y XIX, cuando en los viajes científicos participaban artistas que documentaban los hallazgos de plantas, flores, frutos, nos dice Abelardo: “Me gusta mucho la obra que pintó ese grupo de viajeros europeos que cruzaron el continente americano, como Rugendas, el barón Humboldt. Ilustraron meticulosamente la flora, la fauna, las montañas, la geografía. Incluso el maestro José María Velasco tiene unas ilustraciones muy bellas de botánica, que realizó como maestro de escuela. Eso me ha inspirado para tener mucha curiosidad. Me volví un conocedor de los magueyes de Oaxaca. Los conozco de toda la vida por su nombre original o en zapoteco. Porque mis abuelos hablaban zapoteco. Hay un maguey que se llama cuixe, algunos le llaman madre cuixe. Otros se llaman xixe, tobaziche, roqueño, tepeztate. Tenemos gran variedad de agaves con nombres en mixteco, en zapoteco, en mixe, en huave, en triqui. Los que conozco son los más usados para hacer mezcales extraordinarios, de sabores totalmente distintos entre sí. El proceso de destilación puede ser el mismo, pero el sabor de la tierra de ese lugar en particular, silvestre, le da un sabor muy distinto a la bebida.

En el paisaje de Abelardo, en esa vereda llena de vida, hay silencio. Ese silencio evoca una canción, nos explica: “La canción de la Vereda tropical narra un estado de ánimo. También lo hace un pintor, un dibujante, al estar absorto en la contemplación de la naturaleza, de ver lo imponente del tamaño de esos cactus, de las gigantescas biznagas, en un suelo que aparentemente es seco y sin mucha vida. La canción, la Vereda tropical me hace ver la majestuosidad de los azules a la distancia, la orografía tan escarpada y agresiva, me da mucha tranquilidad, paz, y me hace amar y quedarme absorto, casi hipnotizado, viendo esa masa que está a los pies o a la distancia, rebozando vida, colores y sabores”.

La belleza de esas esculturas naturales, espinosas, el regalo de la vida en su pulpa, una canción de amor, y un dibujo que es un tributo amoroso.

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