Aprobación o perdón

Ciudad de México /

El perdón es una acción tan noble y generosa, que termina siendo más grande que el mal que perdona. Con ello, el perdón es siempre más grande que la ofensa. Perdón que nace de una hermosa etimología: del prefijo per, que habla de lo completo y absoluto, y el verbo donare, la generosa acción de dar o regalar. Así de grande en casi todos los idiomas. Como en el inglés forgiveness, palabra que se forma del prefijo for: para, y give: dar o regalar. Forgive. El obsequio absoluto. Pasar por delante de eso que lastima y regalar al otro el no detenernos en el cuchillo que nos dejó en la espalda, la traición, la falta, la ingratitud y hasta el delito. Pasar por delante del pasillo, justo frente a los murales de Diego Rivera, la bandera nacional, el pequeño pódium, la mínima tarima alfombrada, el ínfimo buró y no detenerse en las verdades a medias, los datos de difícil o imposible comprobación y aún en las mentiras. Pasar y perdonar. Eso hace la mayoría de los que lo escuchan. Saben que mucho de lo que dijo nuestro Presidente en la presentación de su cuarto Informe no es verdad, pero lo dejan pasar y pasan ellos mismos, lo perdonan.

Luis Estrada, autor de El imperio de los otros datos: tres años de falsedades y engaños desde Palacio, ha llevado una rigurosa bitácora sobre las declaraciones falsas o engañosas de nuestro mandatario en las mañaneras, contabilizando 86 mil 917 en sus primeros cuatro años de gobierno. ¿Es mucho o poco? Juzgue usted mismo, el Washington Post reportó que Donald Trump sumó 30 mil 573 declaraciones mentirosas en el mismo periodo. Es decir, Trump dijo casi la tercera parte de mentiras o verdades a medias en los mismos cuatro años de gobierno. Lo cierto es que, ambos datos son terribles. Como diría la mamá de un niño pequeño: una sola mentira es demasiado.

No es verdad que el AIFA sea el mejor aeropuerto de Latinoamérica ni lo del dinero ahorrado sin contabilizar lo perdido ni lo del huachicoleo sin contabilizar los nuevos negocios y las nuevas e innumerables tomas clandestinas ni lo de los empleos sin contar la informalidad ni lo de la salud ni lo de la desigualdad o la inseguridad si no se contabilizan todas las cifras y no solo las convenientes. Sin embargo, el tema no es que lo diga yo o la prensa crítica, el tema es que la gente lo sabe y se lo perdonan.

¿Por qué? Porque lo quieren. Con lo cual las cifras de aprobación se condicionan de manera significativa.  Así, aprobación y perdón se entremezclan en las encuestas.

Aunque no haya resultados, aunque existan retrocesos, aunque no se diga la verdad, lo van a perdonar. Y al hacerlo, se renueva la esperanza.

Se lo compruebo. La campaña del cuarto Informe no solo es engañosa, también es ilegal. La ley dice que los spots no pueden presentar funcionarios del gobierno más allá del que rinde el informe, es decir, el Presidente. Sin embargo, ahí están, incluido el secretario de Gobernación que, para colmo, es precandidato, mirándonos mientras nuestro mandatario dice que lo acompaña “gente honesta que no permite la impunidad”.

Impune quedará el engaño e impune la ilegalidad porque serán perdonados. Un perdón que, como le decía al principio, no los hace más grandes a ellos, sino a los que quieren un mejor país aunque sea de mentira. 

Ana María Olabuenaga

@olabuenaga


  • Ana María Olabuenaga
  • Maestra en Comunicación con Mención Honorífica por la Universidad Iberoamericana y cuenta con estudios en Letras e Historia Política de México por el ITAM. Autora del libro “Linchamientos Digitales”. Actualmente cursa el Doctorado en la Universidad Iberoamericana con un seguimiento a su investigación de Maestría. / Escribe todos los lunes su columna Bala de terciopelo
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