Normal que doña Maru Campos sacara al Caldedrunk que lleva dentro, para impedir que los malditos morenacos tomaran las calles nuevamente de lo que es la Chihuahua de la CIA.
Era natural que dada su condición ultraderechosa, doña Maruchan acarreara banda brava, brava, bravísima, para impedir que esos comunistgas salieran a defender cosas obsoletas como la constitución y el concepto de soberanía. Y no podía ser más de una manera un poquito patibularia, represiva, en homenaje a los tiempos de su compadre Chesarito Duarte, hoy en el tambo.
Maru Krampus guardó a los agentes de la CIA en la Torre Pimpinela, digo Centinela, y en nombre de la Loka Academia de Miramones que atinadamente dirige Kinky Téllez, mando corretear a activistas, líderes morenistas, reporteros y a todos aquellos insensatos que no valoran sus esfuerzos para que Chihuahua se convierta un protectorado yanqui.
Me gustó claramente la capacidad de tolerancia de la gober petocha de Chihuahua un baile, abriendo zanjas, trayendo emisarios del pasado priista, bajando drones de periodistas rojillos, y poniendo maquinaria para obstaculizar que los morenistas de Ariadna Montiel hablaran de un muy inmerecido juicio político contra ella.
Oiga usted, la Maruca tiene derecho a ponerse el uniforme de la CIA, que sus patrullas traigan el logotipo de la NYPD, la policía de Nueva York, y hasta sentirse MAGA región 4.
Claro, aunque a la Krampus se le esté olvidando el español y sienta que Trump es su dios verdadero, este no es muy buen momento para ser fan de mi Donald. Sobre todo por la manera en que fue a China a bailar -bochornosamente- al ritmo de la feria de Xi Jinping (como dice el master Fernando Rivera Calderón), a ver si les daban un mendrugo de inversiones. Todo muy lógico, mientras Trumpzilla impide que los europeos se relacionen con el gigante asiático, y a México le exige casi esconder el Barrio chino, él se fue con un puñado de machuchones tecno feudales y nerdo medievales a ver si los herederos de Mao les dejan disfrutar del comunismo económico que los traen tan ardidos.
Ese Donald Trump sólo le faltó salir vestido del Chu En Lai y con el libro rojo entre las manos. Ahí se demostró quién es el verdadero depredador dominante.
¿Qué habrán pensado de esto los trumplovers de Mexicalpan de las tunas? Han de haber sentido muy mal de su glándula anticomunista primitiva, al ver cómo se rendía de hinojos el cheeto tamaño caguama, frente a esa esfinge que es el presidente chino.
La Krampus no pudo.