En las redes sociales, se difundieron decenas de videos sobre la marcha realizada por Morena en el estado de Chihuahua, donde militantes exigieron la destitución de la gobernadora Maru Campos.
Se trató, para muchos analistas, de una contraofensiva para distraer los reflectores en contra de los narcopolíticos del partido en el gobierno, acusados de vínculos con el crimen organizado por Estados Unidos.
Hay evidencias de que todo fue orquestado desde el poder, para bajar la presión mediática del vecino país, donde la Fiscalía lleva a cabo investigaciones para meter a la cárcel al exgobernador Rubén Rocha Moya.
Incluso hay agresiones de morenistas a personas de la tercera edad que se negaban a sumarse a la manifestación, y por esa razón los agarraron a patadas, y los infames todavía lo presumían.
Mientras los políticos en el poder se ponían de acuerdo para defender lo indefendible, los excolaboradores de Rocha Moya, Gerardo Mérida Sánchez y Enrique Díaz Vega, se entregaban a las autoridades estadunidenses.
El responsable de la seguridad y el de finanzas no pudieron con la presión, y decidieron presentarse ante la Fiscalía gringa para enfrentar las acusaciones en su contra.
El primero de ellos cruzó por la garita de Nogales, en Arizona, el pasado 11 de mayo, y tras ser puesto a disposición de un juez fue trasladado a Nueva York, donde compareció ante una corte federal.
Los señalamientos lo apuntan a cargos de conspiración para la importación de drogas, posesión de armamento y de recibir sobornos mensuales de 100 mil dólares por parte de Iván Archivaldo Guzmán Salazar, líder de la facción de Los Chapitos del cártel de Sinaloa.
Es evidente que su decisión tendrá implicaciones, y que eso traerá consecuencias para el resto de los implicados, incluido al exmandatario sinaloense, una persona cercana a la familia López Obrador.
Por eso, la protesta de los morenistas en tierras chihuahuenses suena a cortina de humo, con el objetivo de evadir lo que miles de mexicanos piensan sobre las relaciones oscuras del grupo obradorista con los criminales sinaloenses.