Controversias y dilemas

Ciudad de México /

Hace un par de días escuché a una persona hablar con tanta seguridad de los dilemas éticos que estuve a punto de enredarme en su verborrea. Por no dejar, le pregunté sobre otras nociones emparentadas, llevándome una sorpresa interesante: confunde controversia con controversia moral y dilema con dilema moral.

Dado que dicha expresión se usa con tanta frecuencia, resulta conveniente desmarcarla de conceptos cercanos para evitar confusiones innecesarias.

Una controversia, “a secas”, es una discusión donde dos o más personas sostienen opiniones contrapuestas, como por ejemplo cuál es el mejor equipo de futbol del país, el partido político de más futuro, el coche con mejor relación costo beneficio, etcétera.

En cambio, una controversia moral –o ética– es aquella donde dos o más personas sostienen opiniones sobre una situación que encarna una serie de valores, principios o normas morales contrapuestas. La legalización del derecho de adopción a parejas de un mismo género o la instalación de espacios públicos donde sea posible consumir drogas suaves y semisuaves, son ejemplos de este tipo de controversia.

Por su parte, como dice la RAE, un dilema es una situación donde “es necesario elegir entre dos opciones igualmente buenas o malas”. Por ejemplo, quedarse cenar en casa o salir al cine, comer con un familiar que vive fuera de la ciudad o tomar café con un amigo muy querido, cambiar de coche o arreglar la terraza de la casa. El tiempo y el dinero dan para hacer una cosa u otra.

Por el contrario, como señala Jefferey Klempner, un dilema ético es una situación que nos enfrenta ante “dos pruebas o argumentos razonados que implican dos cursos de acción lógica [y moral]mente inconsistentes”. Este tipo de dilema nos enfrenta ante “la irresistible vía de optar por A y la irresistible vía de optar por B, pero lógicamente resulta imposible hacer A y B”. Abrazar una opción valiosa supone renunciar a otra que también lo es. Mantener el secreto o denunciar ante las autoridades a un familiar que cometió un fraude, poner a “dormir” a una mascota o dejarla que sufra enormes dolores hasta que muera de manera natural, volverse vegano o continuar con una dieta que implica el sufrimiento animal, son ejemplos de dilemas éticos.

Sobre algunos métodos para abordarlos y resolverlos le hablaré en otro momento.

Pablo Ayala


  • Pablo Ayala Enríquez
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