• Nunca estuvimos tan informados… ni tan agotados: el costo emocional de vivir conectados

  • En este capítulo de RealidadES Milenio viajamos por el lado oscuro de la hiperconexión: una época donde conocer cada tragedia en tiempo real también puede cambiar la manera en que vivimos la realidad.

Ciudad de México /
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Hay un gesto que se ha vuelto casi automático. Antes de levantarnos de la cama, antes incluso del primer café, la mano busca el teléfono. En cuestión de minutos aparecen guerras, desapariciones, redadas migratorias, accidentes, bombardeos, crisis económicas y violencia. La jornada todavía no comienza, pero la mente ya carga con el peso de un mundo entero.

Nunca había sido tan fácil acceder a la información. Tampoco había sido tan difícil procesarla.

Durante décadas, las noticias tenían un horario. Hoy no. Llegan por notificaciones, videos que se reproducen solos, publicaciones compartidas y algoritmos que aprendieron que las emociones intensas mantienen nuestra atención durante más tiempo. Ya no somos nosotros quienes buscamos las noticias; son ellas las que nos encuentran.

Ese cambio está provocando un fenómeno cada vez más estudiado: la fatiga informativa. No se trata de apatía ni de indiferencia. Es el agotamiento que produce una exposición constante a tragedias, conflictos y malas noticias. En paralelo, conceptos como el doomscrolling —el hábito de consumir sin pausa contenido negativo— y el trauma vicario ayudan a explicar por qué personas que nunca han vivido una guerra pueden experimentar ansiedad, tensión o una sensación permanente de amenaza.

La paradoja es evidente. Estar informados es indispensable para cualquier democracia, pero hacerlo sin límites también puede tener un costo emocional. Diversos estudios muestran que cada vez más personas evitan las noticias no porque hayan dejado de interesarse por la realidad, sino porque sienten que ya no pueden cargar con ella.

El desafío, entonces, no consiste en apagar el mundo, sino en aprender a relacionarnos con él de otra manera. Elegir fuentes confiables, reducir la exposición a contenidos repetitivos, establecer momentos específicos para informarse y recordar que descansar también es una forma de cuidar la capacidad de comprender lo que ocurre.




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