Campeche es un destino que sorprende, en cuanto llegué a esta tierra mágica, me desconecté del estrés citadino; es una ciudad de edificios coloniales pintados de colores pasteles, calles limpias y un malecón que invita a una caminata tranquila mientras se ponía el atardecer.
Impactante también conocer de cerca el sorprendente trabajo de los artesanos y adentrarme al mundo maya no sólo por sus zonas arqueológicas sino por todo lo que rodea a este lugar.
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La experiencia comenzó en Mérida, para abordar el Tren Maya y comprobar su eficacia. La entrada a la estación Mérida Teya es amplia y poco transitada; lo primero que destaca es un kiosco cafetería con un par de bancas, tiendas de snacks y una de souvenirs: playeras, gorras, peluches, pins y libretas.
El boleto para viajar cuesta 92 pesos en clase turista por una sola estación —dependiendo del destino cambia el costo, hay clase turista y premier—. Para acceder al área de trenes hay que bajar por las escaleras eléctricas, previa revisión de la Guardia Nacional.
La sensación al llegar al Tren Maya es de estar recién inaugurado, aunque eso fue hace más de un año; su interior se ve lujoso y cómodo, incluso en clase turista, la única diferencia con clase premier es que te ofrecen una bebida y snacks para el recorrido. Para llegar a Campeche hay que bajarse en el Paradero Calkiní.
Campeche es una de las ciudades menos pobladas de México, tiene 900 mil habitantes; recorrer sus calles con las construcciones de la época colonial, pintadas en colores que dan paz a la vista; y es que no hay ruido visual ni distractores que eviten apreciar sus limpias calles.
Cada rincón guarda la magia en sus estructuras, lo mismo en las construcciones del neoclásico o las significativas esculturas, que al atardecer son el marco perfecto al limpio y azulado cielo, que por la noche se cubre todo de estrellas, ideal para el romanticismo.
A un costado del Parque Principal hay un tranvía que hace un recorrido por las calles, el guía va describiendo las construcciones importantes, como la casa donde nació Justo Sierra, la muralla de la ciudad que delimita el perímetro del Centro Histórico, el monumento El pescador y El ángel maya.
Artesanía local
Conocer el proceso para la elaboración de los sombreros y abanicos en la ciudad de Bécal fue muy enriquecedor, con un recibimiento cálido por parte de los artesanos que entrelazan la palma de jipi y guano para elaborar sombreros, bolsas, carteras, abanicos, pajaritos, calaveras, canastas, aretes, incluso escobas
Lo primero que se ve son las grandes letras con el nombre del lugar y detrás de ellas un pasillo con diferentes tiendas donde puedes pasar horas admirando los productos, si te interesa conocer el proceso desde que cortan la planta hasta el resultado final, la gente de ahí te explica paso a paso cómo lo logran.
Para que un abanico y sombrero quede listo deben esperar a que esté verde el cogollo, que es la planta que usan para tejer, “cuando está listo, lo rallamos, luego lo golpeamos y una vez que abre, le quitamos las orillas para dejarlo parejo con las hojas más gruesas”, explicó Silvia Hernández, una de las artesanas.
Una vez que pasa por este proceso, deciden si lo van a usar en su color original (verde) o lo van a teñir con cortezas de árboles y hojas, posteriormente lo azufran, lo meten a un cuarto y al día siguiente lo dejan secar al sol para que se blanquee.
Después de este paso, lo llevan a una casita, una especie de cueva húmeda que las cubre del sol, y tejen cada objeto; en un abanico chico se pueden llevar unas cuatro horas, dependiendo del tejido.
Para conocer el proceso de elaboración de otros objetos artesanales, en la calle 10 del centro se ubica la Casa de Artesanías Tukulná Campeche, donde también muestran el proceso y a las personas que a través de sus mágicas manos, crean bordados con combinaciones que salen de su alma, tiene una habilidad única para entremezclar colores y crear piezas únicas.
En entrevista con MILENIO el profesor Luis Daniel Rodríguez, director general del Instituto Estatal para el Fomento de las Actividades Artesanales de Campeche (INEFAC) contó sobre el apoyo que les dan a los artesanos desde hace 27 años, para exponer sus piezas, entre las que se encuentran ropa bordada, muebles, hamacas, sombreros, tapetes, joyería y bolsas.
“Convocamos a los artesanos con base en la demanda de los productos que tienen mayor rotación, ellos establecen el precio y se hace la compra directa al artesano, operamos con un gasto mínimo, que permite que la mercancía se mueva con mayor facilidad, les damos capacitación para renovar e innovar los productos”, explicó.
Zona arqueológica
Visitar la zona arqueológica Edzná, es otro de los lugares que te llevan al mundo maya, fue enriquecedor descubrir una de las ciudades prehispánicas más importantes de la península de Yucatán, se ubica a 50 minutos de la ciudad y ahí encontraron 30 estelas que se pueden apreciar en el museo que se ubica en la entrada, pero nada se compara con llegar al lugar donde están las ruinas que te transportarán a un mundo mágico.
Llegar ahí es como transportarte a otro mundo, admirar las construcciones me llevó a imaginar el avance que tenía esta civilización mesoamericana, para tener una ciudad con un sistema exacto para la captación de agua o admirar el majestuoso templo con cinco pisos, como si se tratara de una postal.
DAG