La familia Fraga Barbosa fue partida en dos por las políticas migratorias de Donald Trump. Tan sólo ocho días después de que el republicano regresó a la Casa Blanca, el proveedor de la familia, Luis, fue deportado a México con engaños y sin orden judicial, únicamente con la consigna que tienen los agentes de ICE para cumplir los propósitos del Presidente.
De nada valieron los 20 años que vivió en Estados Unidos y el permiso de trabajo que tenía. El 28 de enero, un agente de migración llegó a su casa y se lo llevó. Sin más, terminó con la vida de esta familia como la tenía concebida. Hoy Mirna está sola con sus cinco hijos en Oklahoma City y Luis Cristóbal se encuentra a más de mil 700 kilómetros de distancia por carretera, en Cárdenas, San Luis Potosí.
Dos semanas después de su deportación, Luis aún busca ponerle sentido a su vida y conseguir trabajo. Mientras que Mirna y sus hijos de 5, 10, 12, 14 y 17 años están solos, la mayor parte del tiempo en casa, con miedo a salir. Se comunican por videollamada y cada que lo hacen, hay lágrimas. Los primeros días había negación, coraje, frustración. Hoy, preocupación ante un futuro incierto.
"El sentimiento que pierdes todo, tu familia principalmente… el no estar con ellos, el abrazarlos, decirles sus buenos días, verlos acostados allí tranquilamente", relata Luis Cristóbal, entrevistado en San Luis Potosí a donde llegó en autobús, tras ser deportado por la fronteriza Ciudad Acuña, Coahuila.
A sus 37 años vivía su “sueño americano”, ese que terminó cuando el agente de migración en el que confiaba entró a su casa y se lo llevó.
"Todo el tiempo desde que llegué a Estados Unidos he pagado mis impuestos y hasta la fecha sigo haciéndolo, todo por mantener lo más legal que se pueda allá, nunca he tenido récord criminal ni siquiera alguna felonía, siempre he estado limpio, principalmente yo siempre lo he hecho por mi familia, por un bienestar de ellos… me duele mucho porque yo traté de hacer todo lo que estaba en mis manos".
Luis tenía permiso de trabajo, sus empleadores, contratistas norteamericanos, se lo tramitaron porque buscaba regularizar su situación migratoria. En San Luis Potosí quizá deje la construcción y busque un empleo que le deje dinero para sostener a su familia.
"A lo mejor no al campo porque no da lo mismo de ingresos, trataría de buscar algo de lo que yo sé hacer, tratar algo más porque no es lo que yo quiera sino lo que me dé para subsistir, más si mi familia se llega a venir para acá, necesito buscar ingresos porque seríamos siete de familia y no es lo mismo”.
Del otro lado de la frontera, sentada en el comedor frente a una bandera de México y un altar a la Virgen de Guadalupe, Mirna relata la pesadilla que partió en dos a su familia. Su pequeña Dasha se acurruca junto a su mamá que se alista para la entrevista. “A mi papá se lo llevaron”, suelta la pequeña de 5 años, la más afectada por lo ocurrido, según confió su madre.
Mirna recuerda ese domingo como una pesadilla. Estaban en misa cuando Luis recibió numerosas llamadas del agente de migración que daba seguimiento a su caso.
Él tenía permiso para trabajar y no estaba en la lista de las órdenes de deportación. Por ello, la familia cree que Luis fue literalmente entregado para engrosar la lista de deportaciones que Trump prometió a los norteamericanos.
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Aquella mañana fueron a la pulga y a misa, donde sus hijos son monaguillos, recuerda que su esposo llegó apresurado a ver al agente que le pidió verlo con urgencia.
"Entró por su chamarra y nunca se me va a olvidar que el agente se sacude los pies y se mete y en cuanto se mete él, se metieron los tres agentes, eran tres, y mi niña empezó a agarrar miedo y quiso llorar cuando vio a su papá que salió, nomás le dijo el agente, no te preocupes ahorita en 20 o 25 minutos regresa tu papá".
"Prácticamente mi esposo salió caminando con ellos, normal, pero nos asomamos por la ventana, ya lo estaban rodeando ocho agentes más. Cuando me llamó me dijo, hija, yo ya no voy a regresar y ya no regresó".
Han pasado dos semanas desde aquel día que marcó por siempre la vida de la familia Fraga. Mirna casi no sale de casa. Recibe la ayuda de sus vecinos para alimentar a sus hijos porque quien trabajaba era su esposo.
Ahora solo piensa que, si en un mes la abogada de su esposo no logra hacer que pueda regresar a Oklahoma, ella venderá sus pertenencias y se regresará con sus hijos a México a alcanzar a Luis.
“Él era mi único sustento, él era el único que trabajaba, si en un mes no pasa nada yo me voy, me voy con mis hijos a México”.
Hace 15 años, Mirna llegó con Luis que ya vivía en Oklahoma. Eligieron ese estado para construir una familia en Estados Unidos.
Hoy, dice que ese país la ha decepcionado. No imagina vivir con el temor de poner un pie fuera de su casa.
Por eso: “si Dios nos dice que nos vayamos a México es porque allá nos tiene algo mejor y pues vamos a nuestro país, algo mejor que estar aquí en el encierro, porque es un encierro aquí, no es el sueño americano como muchos dicen, uno que ya está aquí, los que están en México piensan eso, pero no es sueño americano porque aquí es billes tras billes, renta, estrés, encierro”.
HCM