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El dilema arancelario

Ciudad de México /

El próximo 2 de abril el presidente Trump anunciará su programa de aranceles recíprocos. Nadie sabe bien a bien qué esperar de dicho anuncio. La razón es que Trump ha mandado mensajes confusos y equívocos sobre lo que piensa hacer. Trump ha dicho, por ejemplo, que le impondrá aranceles a las exportaciones de aquellos países que utilizan el Impuesto al Valor Agregado (IVA). Según él, este impuesto es una especie de arancel disfrazado, ya que las exportaciones de Estados Unidos a esos países deben pagar ese impuesto. Trump, al parecer, no entiende que ese impuesto lo deben pagar tanto los productos nacionales como los extranjeros, por lo que el IVA no otorga ninguna desventaja a los productos estadunidenses. En su cabeza y la de algunos de sus asesores, sin embargo, este impuesto actúa de la misma forma que un arancel, por lo que esos países deben ser castigados, lo cual es un claro despropósito.

Ya veremos qué pasa con este tema. Empero, más allá de este razonamiento falaz, es poco probable que el nuevo anuncio afecte a México debido a que nosotros no le aplicamos ningún tipo de arancel adicional a los productos estadunidenses. En cualquier caso, México se enfrentará a un dilema a partir de entonces debido a que, contrario a lo que mucha gente cree, Estados Unidos sí está aplicando aranceles a una amplia gama de nuestros productos desde hace algunas semanas. De entrada, el arancel a nuestras exportaciones de acero y aluminio está vigente desde el 12 de marzo. Además, todas nuestras exportaciones a Estados Unidos que no ocurren bajo el amparo del T-MEC también deben pagar el 25 por ciento de arancel. Uno podría pensar que este tipo de exportaciones no deberían ser tan grandes, pero lo cierto es que cerca de la mitad de nuestras exportaciones entraban a Estados Unidos a través de la cláusula de nación más favorecida, lo que les permitía exportar con aranceles muy bajos o incluso nulos. Muchos de estos productos seguramente podrían realizar los ajustes administrativos necesarios para que de aquí en adelante entren a Estados Unidos bajo el amparo de la regulación del T-MEC. Mientras eso ocurre, esos productos deberán seguir pagando aranceles. Además, los productos de aquellas empresas que no puedan realizar este tipo de ajuste quedarán sujetos al arancel de 25 por ciento.

Hasta ahora, el gobierno mexicano ha optado por la ruta de la prudencia y la paciencia. A diferencia de Canadá, México optó por no ejercer represalias de inmediato y por esperar a los nuevos anuncios del 2 de abril. Sin embargo, una vez que llegue esta fecha ya no se podrá mantener  por mucho más tiempo la indefinición. Si se opta por no responder a los aranceles vigentes, esto podría mandar una señal de debilidad por parte del gobierno mexicano, lo que puede tener efectos negativos tanto interna como externamente. Si se responde con aranceles retaliativos, corremos el riesgo de una respuesta adicional por parte de Trump y de profundizar la guerra arancelaria en la región. La debilidad actual de la economía mexicana se acentuaría y el país de manera inevitable caería en una recesión en 2025. Como se puede ver, ningún escenario es sencillo. El dilema arancelario es muy complejo.


  • Gerardo Esquivel
  • Economista.
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