Si seguimos como empezamos, igual acabaremos como iniciamos, y de la misma manera: confundidos. Los hallazgos hechos públicos por el colectivo Guerreros Buscadores Unidos en el rancho Izaguirre de Teuchitlán, se convirtieron en noticia mundial y en pleito nacional, desatando la furia de unos y de otros. De tirios y troyanos. Y qué casualidad que se encuentran más lugares como estos en Jalisco y otros estados.
Y como alguna vez lo dije en otra colaboración semanal: perdida está la verdad, y con bastante pérdida. No se le encuentra por ningún lado. No aparece, porque la lucha política por el poder y en el poder, sigue su camino rumbo al 2027, con muchas salidas y entradas a la vez. Vericuetos previsibles, pero no deseables, a costa de la pérdida de vidas humanas y de desgarradoras experiencias de las víctimas, que incluyen a familiares y seres queridos.
Lo que se construye y procesa a través de estos vericuetos del poder (muchas veces con arreglos inconfesables) salpica para muchos lados: el exgobernador Enrique Alfaro sigue perdido, el gobernador Pablo Lemus no sabe para dónde voltear y en quien confiar, la Fiscalía General de la República apenas recibió la carpeta de investigación de la Fiscalía estatal, para que esta siga con la atracción del caso, y el Gobierno federal y Morena a la defensiva. Pareciera que lo que sigue es un acto de fe.
Todos piden paciencia, confianza y creerles. Menos Enrique Alfaro, que no aparece por ningún lado. Hay momentos en que lo mejor es perderse, dejar que el tiempo pase y se arreglen las cosas por sí solas, parece ser la estrategia del exgobernador. Y a lo mejor el fútbol y una buena temporada del equipo que próximamente dirija como entrenador, gracias a sus cursos en España, cambie la opinión de la ciudadanía respecto de él en lo personal y de su pasada gestión de gobierno.
Menos del cinco por ciento de sufragios de ventaja en la elección para gobernador el año pasado, dan cuenta que la victoria de Movimiento Ciudadano fue estrechísima. Una elección impugnada y cuestionada, en donde perdieron las senadurías, la mayoría estatal en el congreso federal, la del local y la mayoría de las presidencias municipales en el estado, aunque conservaron los muy importantes de Guadalajara, Zapopan y Tlajomulco de Zúñiga y otros medianos o francamente pequeños.
Frente a todo esto, Enrique Alfaro no sale a la defensa de su gestión de gobierno, asimismo ninguno de sus allegados, o socios, ni la presidenta del partido a nivel estatal, ni el presidente del partido a nivel nacional. Ni siquiera su sucesor Pablo Lemus ha salido al quite, como sí lo hizo la presidente Claudia Sheinbaum, respecto de su antecesor. Silencio total y absoluto al respecto. Frente a la tragedia en delitos del fuero común que fue el anterior sexenio estatal, en todos los ámbitos de la seguridad pública en Jalisco: robos, asaltos, feminicidios, homicidios, y desapariciones en sus distintas vertientes, por mencionar los más lacerantes; Alfaro, y su equipo cercano y ampliado han optado por enmudecer. Ejercer un gobierno omnímodo a veces complica las transiciones y como algunas veces alguien lo ha señalado, ya fuera del cargo los amigos desaparecen.
Y los medios y redes sociales (después de mucho tiempo –seis años- de no ver con claridad, pero con honrosas excepciones), empiezan poco a poco a cambiar de opinión, a cuestionar y a pedir que se deslinden responsabilidades. Proceso normal también en la salida del poder.
Y en todo esto el gobierno estatal de Movimiento Ciudadano se suma a la petición del federal: “créenos, somos distintos, las cosas ahora si se van a hacer bien, vamos a investigar con carácter estrictamente científico y jurídico, no hubo exterminio, solo adiestramiento”, pero la escena del crimen fue modificada en todos lados, las prendas y objetos fueron movidos de lugar; y los presumibles puntos de cremación ya no son visibles en el predio. Lo que sigue es un simple acto de fe. Debemos creer en uno u otro sentido inverso, porque lo dicen los políticos, los partidos, y el gobierno en sus distintos niveles. El silencio de unos (no tan inocentes) y la fe de otros. ¡Ha nacido una nueva religión!