Mesa 4

Ciudad de México /

Si bien las condiciones no existen para leer a Octavio Paz sin miradas por encima del hombro, yo prosigo con mi relectura de El arco y la lira y apunto aquí tres frases de la introducción: “al preguntarle al poema por el ser de la poesía, ¿no confundimos arbitrariamente poesía y poema?”; “hay poesía sin poemas; paisajes, personas y hechos suelen ser poéticos: son poesía sin ser poemas”; “el lenguaje hablado está más cerca de la poesía que de la prosa; es menos reflexivo y más natural y de ahí que sea más fácil ser poeta sin saberlo que prosista” (justo antes Paz explica que la prosa “no se habla: se escribe”). Mi edición del libro es de 1972; incluye la advertencia de la primera edición de 1955, donde Paz señala que desde que comenzó a escribir poemas se preguntó “si de veras valía la pena hacerlo”, y de la segunda de 1967, donde introduce una relación dialéctica —por llamarla de algún modo— entre pregunta y respuesta, en la que una cambia porque la otra cambia. La inmovilidad es una ilusión; también lo es el movimiento: “la proyección de Lo Mismo que se reitera en cada uno de sus cambios y que, así, sin cesar nos reitera su cambiante pregunta —siempre la misma—”. En las obras completas El arco y la lira es parte inicial del primer tomo, La casa de la presencia. Poesía e historia. Paz comenta en el prólogo que cuando se tradujo el libro al francés en 1964, hizo modificaciones y ampliaciones que se incorporaron en la edición de 1967, y que desde esa fecha no alteró ni una línea. En una nota al pie de página añade: “ahora, al preparar este volumen, volví a releer El arco y la lira y sentí el impulso de cambiar y suprimir muchas opiniones demasiado categóricas y no pocos juicios sumarios. Resistí a la tentación: peor es menearlo”.

Estoy consciente de que ya acumulé citas, datos, y que las frases con las que iba a entrar en materia se rezagaron. Diré en mi descargo que la información es útil para establecer la literalidad que me interesa. En la primera frase de Paz, el “ser de la poesía” se distingue del poema, lo cual no define automáticamente ni a uno ni a otro. Por lo demás, sería normal —no arbitrario— confundir o identificar el poema con la poesía. No sé si la calidad de un poema depende de cuánta poesía contenga, aunque sé que he leído —y escrito— numerosos poemas malos llenos de poesía. Quizás esto se vincule con la segunda frase acerca de la poesía sin poemas: por ejemplo, los pájaros cuando se mudan de árbol, la brisa muy leve que deja el paso veloz de un cuerpo, la ciudad mutilada por el ruido a las dos de la tarde, son tal vez percepciones poéticas. En cuanto a la tercera frase, no entiendo por qué el lenguaje hablado, al ser “menos reflexivo y más natural”, está más cerca de la poesía que de la prosa. Pienso en El cementerio marino de Paul Valéry o en Piedra de sol del propio Paz: ¿en qué sentido son lenguaje hablado? Si asumo que “hablar” poesía es más fácil que “escribir” prosa, ¿por qué entonces resulta difícil leerla?


AQ / MCB

  • Tedi López Mills
  • Ha publicado numerosos libros de poesía, además de cuatro volúmenes de prosa.
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