M+.- El intento por presionar a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, mediante una movilización popular en Chihuahua fracasó. La marcha reunió apenas a unos miles y solo sirvió para mostrar tres limitantes que, de no atenderse, llevarán a Morena al fracaso electoral.
La primera es la creencia de que se tiene “el músculo” para movilizar al electorado a placer, a la hora que sea y por las razones que sean. Esto es falso.
A la gente no se le puede sacar a la calle bajo premisas insostenibles y lógicamente débiles como equiparar el caso de Chihuahua con el de Sinaloa. El pueblo no es tonto y sabe que el segundo caso es categórica y moralmente más grave que el primero.
En blanco y negro: En Chihuahua, se acusa a la gobernadora de permitir operativos estadounidenses contra criminales en suelo mexicano. En Sinaloa, se le acusa de permitir que opere el crimen. Que abra los ojos quien quiera ver.
La historia es clara: las movilizaciones políticas funcionan cuando apelan a temas que la gente vive en carne propia. En 2018 funcionó porque Morena encarnó el agravio acumulado por décadas de neoliberalismo. En 2024 funcionó porque logró convencer al electorado de que una mayoría calificada era la llave para mejorar el acceso a la justicia. La economía y la justicia mueven a los mexicanos porque los tocan directamente.
Ahora, en cambio, se está intentando movilizar al electorado contra una supuesta intervención de Estados Unidos que, en efecto, la mayoría de los mexicanos rechaza, pero que no es una agenda representativa de los agravios cotidianos de la población. De hecho, una buena parte de los mexicanos canjearían soberanía por seguridad sin pensarlo dos veces.
La segunda limitante es que Morena no se está tomando en serio el sentir de su propio electorado.
Las frivolidades de varios de sus miembros han generado un agravio real y tangible en sus votantes. Es por ello que encabezar la marcha de Chihuahua con Andy López Beltrán en primera fila es la peor de las ideas.
No solo porque manda la señal de que no les importa combatir los excesos, sino porque pone en tela de juicio que Morena esté dispuesto, verdaderamente, a asumir el costo de purgar a sus facciones corruptas.
Entiendo que, hacia dentro del partido, Andy sirve para transmitir un mensaje de continuidad con el sexenio pasado. El problema es que hay muchas formas de mandar ese mismo mensaje de forma menos costosa. Morena debería ser más estratégica.
Finalmente, Morena no parece estar entendiendo bien las diferentes regiones que gobierna. En Chihuahua no existe una base urbano-popular fácilmente movilizable como la que la izquierda tiene en la Ciudad de México. Por el contrario, el norteño suele celebrar su despolitización, gusta de los servicios privados, resiste lo partidista y admira a Estados Unidos.
Intentar ir al norte con una forma de hacer política que refleja el centro es sentencia de muerte. En Chihuahua, llegar en avión con un montón de políticos de Ciudad de México se lee como una suerte de ataque centralista.
Morena no debe olvidar que, si en 2024 el norte votó por ellos, fue porque mejoraron sus ingresos, no porque compartieran una ideología de izquierda nacionalista o porque tuvieran conciencia de clase. Al norte se le debe hablar en términos norteños y Morena debe tener mayor sensibilidad para comprenderlo.
Lo contenido en este texto es publicado por su autora en su carácter exclusivo como profesionista independiente y no refleja las opiniones, políticas o posiciones de otros cargos que desempeña.