En septiembre de 2010, Mariana, a quien por razones de seguridad y respeto llamaremos así, conoció a Maricruz, una de sus personas tratantes, en una tienda de abarrotes en el poblado de 5 mayo, en el estado de Durango, a quien le contó que era madre de dos hijos, sin pareja y sin apoyo familiar, situación que fue aprovechada por su victimaria para ofrecerle trabajo para vender ropa en la Ciudad de México.
Aunque no muy bien remunerada (250 pesos diarios, de lunes a sábado, con descanso los domingos), Mariana obtendría un ingreso básico para sostener a sus hijos con un trabajo aparentemente digno, en la capital del país.
Sin saber en qué lugar vendería la supuesta ropa, Mariana aceptó la oferta de trabajo y fue trasladada, en compañía de otra adolescente también originaria de Durango, a un domicilio en el Estado de México.
Al día siguiente de su llegada al domicilio ubicado en la entidad mexiquense donde pasaron la noche, La Güera, como era conocida Maricruz, así como un hombre llamado Jorge, despertaron a las dos jóvenes mujeres y las trasladaron a la calle Durango, en la colonia Peñón de los Baños, de la alcaldía Venustiano Carranza, donde se encontraba el denominado Bar Dreams.
En ese lugar, La Güera les explicó en qué consistiría en realidad su trabajo, mencionándoles que deberían fumar, beber, bailar y tener relaciones íntimas con los clientes, pero al negarse una de las jóvenes mujeres a realizar las actividades, la tratante sometió a ambas con violencia moral, es decir, las amenazó verbalmente.
De igual forma, ambas fueron obligadas a ponerse una llamativa minifalda, una blusa con un prominente escote y a trabajar a partir de la una de la tarde hasta concluir la jornada laboral, en ocasiones a altas horas de la noche, para luego ser trasladadas al domicilio ubicado en el Estado de México.
Asimismo, La Güera les comentó que no hablarían con nadie, quitándoles el cargador y el chip de sus teléfonos celulares, mientras que Jorge les aseguró que siempre estarían seguras, porque “él tenía una pistola nueve milímetros”, pero a su vez también las amenazó que si intentaban hacer algo o buscaban escapar, les pondría ”un pinche plomazo”.
Durante su estancia en el Bar Dreams, las víctimas se percataron que por cada servicio sexual que proporcionaban a los clientes, a quienes les permitían darles besos y caricias, La Güera y El Jorge cobraban entre 1300 y 1500 pesos, no obstante, ellas no recibían ninguna retribución más que comer y tener un lugar donde dormir.
La pesadilla para las dos jóvenes mujeres, ocurrió entre el 27 de septiembre y el cuatro de octubre de 2010, día en que lograron escapar y solicitar el apoyo de las autoridades, lo que permitiría que presentaran su denuncia por el delito de trata de personas en contra de sus dos verdugos.
Una vez que el Ministerio Público de la entonces Procuraduría ahora Fiscalía tuvo conocimiento de los hechos, inició las investigaciones que permitieron que El Jorge y La güera fueron sentenciados a una pena de 11 años, tres meses de prisión y una multa de 646 mil 425 pesos, por el delito de trata de personas.
De manera paralela, ministerios públicos del área de procesos demandaron la acción de extinción de dominio, al argumentar que los propietarios de ese inmueble tuvieron conocimiento de los hechos y no hicieron nada para impedirlo, ni notificaron a la autoridad correspondiente, además que se acreditó que el bien inmueble fue utilizado para la comisión del delito de trata de personas.
Una vez que la autoridad judicial tuvo por acreditados todos los puntos para decretar la acción de extinción de dominio, declaró la pérdida de la propiedad a favor del Gobierno de la Ciudad de México, no obstante, los propietarios apelaron la sentencia y la ejecución de la misma, sin que lograran revocarla, además de que una sala penal la confirmó.
Finalmente, personal ministerial y policías de investigación adscritos a la Coordinación de Acusación, Procedimiento y Enjuiciamiento de la Fiscalía capitalina ejecutaron la diligencia de lanzamiento en el Bar Dreams (cuya superficie ocupa 343 metros cuadrados) a finales del pasado mes de enero, y lo dejaron en resguardo del patrimonio inmobiliario de la ciudad.
Si bien es cierto que el sueño que se convirtió en pesadilla terminó, para ambas jóvenes la vida ya no será la misma. No obstante, ambas cuentan con la certeza que sus victimarios fueron enviados a prisión a pagar por sus actos.
RLO