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Milei, Big brother fallido

Ciudad de México /

A 1984, la novela de George Orwell la han arrastrado tan abajo hasta abajototota que acabó siendo un reality show de pésimo y reguetonero gusto como el Big brother.

En esa lógica facha, Javier Milei, sintiéndose el Gran hermano de los desaforados, se propuso convertir las atrocidades de las juntas militares argentinas que adora más que las criptomonedas derechuecas, en un happy hapening para derechairos remisos. Y así, aplicando la máximaorwelliana (“El que controla el pasado, controla el presente; el que controla el presente, controla el futuro”), construyó una versión muy pinche, fallida y guanabí, desde el terraplanismo histórico. Y luego, con la imagen del dictadura homogeneizada y purificada, repetir su gorilesco autoritarismo represivo.

El problema es que Milei lo hizo de una manera tan torcida y negacionista, que se diría que lo asesoraron Krauze y Cascabel Hernández. Así, a través de Agustín Laje (seudo intelectual de ultraderecha que gozó lascivamente cada macanazo que le dieron a los jubilados y que es como un licuado de Verástegui-Alititito Moreno-laRabadán-ElSacoDePus) trató de hacer pasar a la Junta Militar casi casi como progre buenaondita: todo es culpa de los comunistas que se rebelaron contra el FMI, que no son 300 mil los muertos (que a lo sumo son 45 que se torturaban a sí mismos), que las Madres de la Plaza de Mayo no existen que son los papás, que no hubo ningún exilio pues era gente que se fue de vacaciones y por sectaria no quiso regresar.

Es tan burda la tesis que fue promocionada por la cuenta de la Casa Rosada, que solo faltaron los pulgares levantados de Bukele-Bukake y Luisito Comunica.

Si los libertarios iban reescribir la historia, mejor se hubieran inspirado en el cuento de las gelatinas de Xóchitl Gálvez, o en el livin la vida loca de Calderón y García Luna Productions para que se hicieran fans de su relación.

Casi tan exagerado el guaje de Laje como los que criticaron a Juárez alegando que entre sus villanías, prácticamente se había disfrazado de iceberg para hundir al Titanic.

O como los ultraderechosos que se creen estéticamente superiores y cuando los ves sin los filtros del Instagram evocas a Groucho Marx: “Nunca se me olvida un rostro, pero con ustedes voy a hacer una excepción”.

Como ejemplo están aquellos derechairos que a fuerza nos quieren hacer ver Auchwitz hasta en la sopa.

Parafraseando a Kundera, la lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el Alzheimer selectivo.

  • Jairo Calixto Albarrán
  • jairo.calixto@milenio.com
  • Periodista producto de un extraño experimento cultural-social-educativo marxista, rockero, populachero, libresco y televisionudo / Escribe de lunes a viernes su columna "Política cero"
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