"Los vi ‘quemando' llanta, gritando groserías y encapuchados y dije: 'no, estos no son muchachos de la protesta'. Luego me llamó mi hijo para pedirme que saliera de ahí porque se iba a poner feo", así describe Guadalupe Martínez lo que sucedía en el epicentro de una de las manifestaciones del Movimiento 50501, uno de los mejor organizados en Estados Unidos en contra de múltiples políticas del presidente Donald Trump.
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El tema de la migración es claramente uno de los principales motivadores de las manifestaciones y boicots como armas de resistencia.
Del 5 al 26 de febrero, el M-50501 logró articular y promocionar 257 protestas en Estados Unidos, de las cuales, 66 sucedieron durante la primera convocatoria; 146 el Día del Presidente, el 17 de febrero; 45 en otras fechas y ya se tienen agendadas para el mes de marzo 136 en todo el país.

El M-50501 fue en sus inicios un intento de unificación. Como sus dígitos indican, pretendía lograr que se hicieran 50 protestas en los 50 estados en un solo día (50-50-1), pero su éxito en la convocatoria hizo que el movimiento se convierta en una referencia para quienes se quieran sumar a cualquier movilización en contra de las decisiones del presidente que más afectan a la población.
Guadalupe Martínez acudió a la que se organizó el 7 de febrero en Atlanta, Georgia. Se enteró de boca en boca de sus conocidos que a su vez leyeron o escucharon del movimiento.
En su sitio web los activistas afirman que se trata de "un movimiento descentralizado de respuesta rápida en contra de la agenda de Trump antidemocrática, destructiva e ilegal en muchos casos".
Guadalupe se lo pensó mucho para asistir, porque en ese momento no tenía con quién dejar a sus dos niñas pequeñas, pero las amigas, vecinos y la comunidad de mexicanos radicados en Georgia no paraba de hablar de lo excitante que era ver a todos unidos.
Lo escuchaba en la radio, en la televisión y no pudo aguantar más. Tomó el coche y se fue directo al lugar de los hechos para “apoyar un ratito”.
Eran cerca de las 17:00 horas cuando llegó. Aparcó el coche en el rinconcillo del estacionamiento más cercano a la protesta y desde ahí veía pasar a la gente con banderas mexicanas, muchos jóvenes para apoyar a sus padres indocumentados y trocas con música de Los Tigres del Norte.
¿Infiltrados en la manifestación?
En esas estaba cuando el rechinar de las llantas la sacó de su emotivo momento patriótico, casi lacrimógeno, para meterla al estado de alerta. Celular en mano hizo lo único que podía: grabar.
Así se dio cuenta que algunos veinteañeros no coreaban las mismas consignas ni los "Viva México", sino que sólo proferían gritos histéricos, como si estuvieran en un concierto frente a su ídolo musical y no en un momento político.
Detrás de ellos, muchachos sobre autos de lujo levantaban pancartas que decían “Fuck ICE” aunque se había pedido a los asistentes que se comportaran correctamente, que se trataba de una marcha pacífica. Troca siguiente, unas muchachas encapuchadas sobre otra camioneta levantaban una manta bordada donde se leía: México.
Un escenario similar se había vivido dos semanas atrás en la primera convocatoria del 5 de febrero en Phoenix, donde también se escuchaba a Los Tigres del Norte, se ondeaban banderas mexicanas y sonaban cláxones cuando de manera abrupta se calentaron los ánimos: rompieron vidrios y se robaron una patrulla, patearon banderas estadunidenses y les prendieron fuego.
La información saltó a los titulares de los periódicos. Atrás quedaron los eslóganes provocadores, “Fuera fascistas”, “Deporten a Elon Musk” para dar paso a las condenas de la gente que comenzó a tomar partido “Violencia, no”: dijo el hashtag mientras los organizadores y manifestantes se lavaban las manos y apuntaron a infiltrados o provocadores.
Vieja táctica provocadora
El uso de personas infiltradas para desacreditar marchas de migrantes en Estados Unidos es una táctica denunciada en varias ocasiones señalando a actores gubernamentales, fuerzas del orden o incluso movimientos opositores.
Aarón Ruelas, empresario restaurantero en San José y un activista promigrante durante varias décadas, afirma que en 2008, cuando un grupo de manifestantes se opuso a que California quitara el carro a los indocumentados por no tener licencia de conducir, varios miembros del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) intentó hacerse pasar por activistas y cuando Ruelas los descubrió, reconocieron su papel.
"El gobierno utiliza muchas tácticas para desacreditar a los migrantes", acusa.
En la marcha de Atlanta, los presuntos infiltrados aparecieron tarde, según el testimonio de Guadalupe. Mentaron madres, chillaron llantas, desobedecieron instrucciones pero no llegaron a la provocación.
"Mi hijo dice que estaban haciendo el llamado a través de grupos de trocas donde se convoca a hacer ‘desmadre’ y tal vez los usaron para alterar la marcha".
Ambiente antilatino a tope
La complejidad para prevenir actos de provocación en las protestas de Estados Unidos es un tema que tiene en alerta al Movimiento 50501 debido a que sus convocatorias son públicas y abiertas: cualquiera se entera y cualquiera puede asistir.
Raquel Martín Sánchez, de origen veracruzano radicada en Michigan, donde se han realizado dos manifestaciones de M-50501, reconoce que es muy difícil evitar que se mezclen provocadores de violencia en las manifestaciones, pero toman ciertas precauciones.
"Hasta ahora tenemos encriptadas las redes de comunicación en la organización y no hemos tenido problemas", detalla.
"Tenemos radios entre los organizadores y llamamos a la policía para que nos ayude en la vigilancia pero hay riesgo porque, a donde quieras que vayas puedes ver a gente de ICE".
Para las protestas del 15 y el 16 de marzo próximos, cuando lleven las movilizaciones a Walmart, Raquel planea dejar su camioneta lejos de la protesta y, por si acaso se ponen feas las cosas, dará a una persona de confianza una llave para que la mueva y se pueda reunir con ella en un punto acordado.
A sus 30 años, Raquel tiene un permiso de trabajo por ser beneficiada de la Ley DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, por su siglas inglesas) que da permisos cada dos años a jóvenes que no emigraron por su voluntad sino que sus padres los llevaron en la infancia. Por eso no la pueden deportar.
No obstante, las cosas con la cadena más grande de supermercados en el país no están bien en los rumbos de Saint Jones, donde ella vive. A los empleados les ha dado por decirle a los clientes que tienen apariencia de latinos que se salgan de la tienda o, de lo contrario, llamarán a los agentes de migración.
"Eso cómo nos ha dolido a los migrantes, porque alrededor de ese Walmart hay puros mexicanos, son ranchos y ranchos con empleados mexicanos", observa.
"Una niña de menos de 15 años recientemente se mató por bullying en la escuela, porque sus compañeros les dijeron que iban a marcar a ICE para que se llevaran a sus familias y yo no quiero eso para mis niñas, para mi familia: por eso el miedo no nos va a detener".
El principal reto de los activistas como Raquel es empujar a los más jóvenes de segunda y tercera generación, que son ciudadanos estadunidenses, a salir a las calles y defender a sus padres.
"Algunos de ellos apoyaron a Trump, como mis sobrinos, pensando en que no los iban a afectar y ahora se están dando cuenta que hasta les pueden quitar la ciudadanía y que hay riesgos con su educación".
Salir de la pasividad y pelear
Una tarde tranquila de inicios de febrero, el joven de origen mixteca, Héctor Hernández, estaba viendo las noticias a lado de su madre cuando escuchó en la televisión que uno de los objetivos de Donald Trump era desaparecer el Departamento de Educación.
El reportero explicó en español que varios programas de ayuda a la diversidad e inclusión social se verían afectados por los recortes de dinero federal a las escuelas y universidades.
"Entendí que si eres pobre y no tienes dinero para pagar la escuela por ti mismo te quedas sin educación porque la mayoría aquí en Bakersfield (California) trabajamos en el campo y el empaque y no ganas muy buen dinero", reflexionó Héctor.
Esa información fue la gota que derramó el vaso de la pasividad del adolescente que quiere ser abogado y a sus 17 años organizó la primera protesta en contra de la medida con el apoyo de otros chicos de la preparatoria local, el 12 de enero, previo a la primera 50501.
"No hay un solo día de mi vida que no pase por mi mente que van a deportar a alguien que quiero: a mi tía, a algún primo o amigo. Pienso en que se lo van a llevar y es muy triste".
El principal reto fue convencer a aquellos compañeros que no tenían documentos; otros, no tuvieron el apoyo de sus padres, pero las decenas que sí se sumaron fueron con todo:
Don’t bite the hands that feed you! (No muerdas la mano que te alimenta), rezaba una pancarta para recordar el trabajo agrícola de la región y de millones de indocumentados.
We are all immigrants on stolen land! (Somos inmigrantes en tierra robada).
My parents fought for my future, so, I’m fighting their (mis padres pelearon por mi futuro; entonces, yo peleo por el de ellos).
La segunda y tercera generación de latinos, en su mayoría mexicanos, habían mantenido una distancia ideológica con sus padres que en tiempos de Trump podría estarse cerrando, según se ha visto en las más recientes manifestaciones, reconoce el empresario restaurantero Aarón Ruelas.
"Ahora se ven jóvenes muy jóvenes y es muy bonito el rumbo que está tomando el movimiento", percibe.
Aunque, dice, todavía no hay un estudio que actualice las creencias que se develaron en 2002 en un estudio del Pew Research Center, el cual reveló que el 20 por ciento de latinos de segunda generación y el 25 por ciento de los de tercera consideraba necesario que el gobierno de Estados Unidos redujera el número de inmigrantes.
Además, solo el 57 y el 48 por ciento, respectivamente, reconocía que los inmigrantes ayudaban a la economía.
"Nosotros estamos buscando ahora a los hijos de los migrantes para convencerlos de que se pongan las pilas y den la cara por sus padres porque si ellos no hubieran venido, no estarían aquí con los beneficios que tiene este país", observó la activista de M-50501 Raquel Martín, en Michigan.
"También por esos americanos que dicen que nos quieren porque les hacemos el trabajo".
El M-50501 explica tres razones fundamentales para protestar pero "unidos", no sólo para apoyar la migración sino en general en contra de “las políticas opresivas, la erosión de las libertades y la división de comunidades” que, según su percepción, significa el Proyecto 2025 de Trump.
Por eso, los activistas migrantes acuden a los congresos, plazas públicas y empresas para echar en cara el apoyo al magnate o protestar a favor de Gaza, en Palestina, por la defensa de la comunidad gay o en contra de algún congresista vivillo que roba las elecciones: en todos lados se cuecen las habas, dice Xóchitl Hernández, activista en Raleigh, Carolina del Norte.
"El otro día fui a apoyar a un grupo de manifestantes políticos y me dio mucho gusto ver a gente anglosajona que repartían papeletas para los inmigrantes sobre lo que tienen que hacer en caso de un encuentro con ICE. Y dije qué bonito, así nos apoyamos unos a otros".
No son tiempos de bajar la guardia. Bien lo sabe Artemio Arreola, director de la Coalición de Illinois pro Derechos de los Inmigrantes y Refugiados.
"Nos vamos a organizar por todas partes, a veces tenemos eventos de interés paralelo pero esperamos que haya una sincronización para el 1 de mayo como ocurrió en 2006, cuando se exigía una reforma migratoria".
—¿Esperan medio millón de participantes?
—Hasta un millón.
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Fact checking: JRH
ksh