Habiendo evocado el artero asesinato de Agustín de Iturbide, perpetrado en 1824 luego de que los congresistas que tanto le dificultaran la gobernanza durante su mandato lo declararan traidor a la patria, este escribidor va a reseñar ahora algunas de las violencias acaecidas desde el momento en que México comenzó su vida como nación independiente.
Quien debiera ser considerado el Padre de la Patria, justamente, es el referido Iturbide, el personaje que logró convencer a Vicente Guerrero para que se adhiriera a las fuerzas del Ejército Trigarante, las mismas que entraron victoriosas a la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821 (fecha que no celebramos en el calendario de las festividades cívicas, miren ustedes) para consumar la Independencia.
Muy bien, pero ¿qué ocurrió con Vicente Guerrero? Pues, fue presidente de México durante poco más de 15 meses (1823-1824) pero acabó fusilado también, por órdenes de Anastasio Bustamante: un improvisado tribunal lo acusó de “alta traición”. El tal Bustamante era un conservador autocrático —golpista, tres veces presidente de México— y murió de viejo en San Miguel de Allende.
No estamos hablando ya de los cruentos enfrentamientos que tuvieron lugar entre las distintas facciones durante la revolución de independencia sino del turbulento nacimiento de nuestra República, una muy agitada sucesión de luchas por el poder, traiciones, guerras fratricidas y tan malos gobiernos que el país perdió ni más ni menos que la mitad del territorio nacional.
Ocurrió una tal Revolución de Ayutla para responder a los perniciosos modos del autocrático Santa Anna y, después, la sucesiva llegada al poder de Juan Álvarez e Ignacio Comonfort, depuesto este último muy pronto como presidente, tras lo cual, faltaría más, comenzó la Guerra de Reforma que enfrentaría a liberales y conservadores. Inestabilidad total, en una República dividida en facciones absolutamente incapaces de subordinar sus intereses a los principios del bien común.
Tras la dictadura del denostado Porfirio Díaz, un periodo, vistas las cosas, de inusitada estabilidad, el tema hubiera debido zanjarse al ser elegido Madero de manera democrática. Pues no, al contrario: ahí comenzó una brutal lucha armada, devastadora para México.
Hoy, vivimos en paz. Unos 700 mil mexicanos han sido asesinados desde 1990. Pero, vivimos en paz…